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LOS 50 MEJORES VIDEOJUEGOS DE COCHES DESDE HACE MEDIO SIGLO
#TalDíaComoHoy 8 de julio, Día Mundial de los Videojuegos, tenemos la excusa perfecta para mirar por el retrovisor y recordar medio siglo de coches digitales, derrapes imposibles, motos suicidas, rallys embarrados y garajes virtuales donde todos hemos sido campeones… hasta la primera curva.

La historia del videojuego de motor va de píxeles gordos a simuladores quirúrgicos, de recreativas con volante a mundos abiertos donde uno tarda más en elegir coche que en llegar al destino. Esta selección reúne 50 títulos esenciales, ordenados por fecha, con su compañía y su año, para celebrar el género como merece: a fondo, sin mirar demasiado el cuentavueltas.

Los 70: el volante sale de la cueva
En los setenta, correr en pantalla era casi un acto de fe: cuatro líneas, un bloque blanco y mucha imaginación. Pero ahí empezó todo: el arcade, la competición directa y esa manía maravillosa de echar otra moneda.
Gran Trak 10
(Atari, 1974). El abuelo del género: volante, pedal, circuito y sustos cuadrados.
Speed Race
(Taito, 1974). Esquivar coches en vertical nunca pareció tan simple y adictivo.
Indy 800
(Atari, 1975). Ocho jugadores, caos compartido y piques primitivos con sabor a recreativa.
Night Driver
(Atari, 1976). Conducción nocturna hecha con líneas blancas: minimalismo con gasolina.
Sprint 2
(Atari, 1976). Carreras cenitales para dos, curvas traicioneras y competición directa.

Los 80: color, velocidad y chulería arcade
Los ochenta subieron el volumen: llegaron cabinas espectaculares, motos inclinables, Fórmula 1, persecuciones y deportivos rojos. El videojuego de motor descubrió que correr también podía ser puro espectáculo.
Pole Position
(Namco, 1982). Fórmula 1 arcade con clasificación, velocidad y olor a clásico inmortal.
Excitebike
(Nintendo, 1984). Saltos, barro y caídas absurdas: motocross doméstico con encanto eterno.
Hang-On
(Sega, 1985). Una moto arcade física, directa y más ochentera que unas hombreras.
Out Run
(Sega, 1986). Ferrari, playa, música y libertad: la postal perfecta del arcade.
Super Sprint
(Atari Games, 1986). Vista superior, tres coches y codazos digitales en cada curva.
R.C. Pro-Am
(Rare, 1988). Coches teledirigidos, armas y mala leche competitiva en miniatura.
Chase H.Q.
(Taito, 1988). Persecuciones policiales con golpes, sirenas y acción de videoclub.
Hard Drivin’
(Atari Games, 1989). Polígonos, loopings y simulación temprana: tosco, valiente y visionario.

Los 90: el 3D cambia las reglas
Los noventa fueron el gran salto: 3D, licencias, rally, karts, conducción futurista y garajes enormes. El género dejó de ser solo arcade y empezó a parecerse a un mundo propio.
Super Mario Kart
(Nintendo, 1992). Karts, objetos y amistades destruidas por caparazones criminales.
Virtua Racing
(Sega, 1992). Polígonos limpios, cámaras dinámicas y futuro en cada curva.
Ridge Racer
(Namco, 1993). Derrapar era obligatorio, elegante y maravillosamente arcade.
Daytona USA
(Sega, 1994). Óvalos, música pegadiza y recreativa gritando felicidad.
The Need for Speed
(Electronic Arts, 1994). Coches soñados, carretera abierta y velocidad con catálogo premium.
Sega Rally Championship
(Sega, 1995). Barro, asfalto y grava con precisión arcade deliciosa.
WipEout
(Psygnosis, 1995). Antigravedad, diseño brutal y música electrónica a toda pastilla.
Mario Kart 64
(Nintendo, 1996). Cuatro jugadores, pantalla partida y discusiones familiares históricas.
Gran Turismo
(Polyphony Digital, 1997). Licencias, garaje infinito y simulación convertida en religión.
Colin McRae Rally
(Codemasters, 1998). Rally serio, tramos tensos y copiloto mandón pero necesario.
F-Zero X
(Nintendo, 1998). Velocidad absurda, circuitos imposibles y adrenalina sin freno.
Driver
(Reflections Interactive, 1999). Persecuciones urbanas con alma setentera y misiones desesperantes.

Los 00: tuning, destrucción y simulación
Los dos mil mezclaron neones, daños, mundos abiertos, barro, garajes premium y carreras familiares. Fue la década de tunear, romper y fingir que uno entendía de reglajes.
Metropolis Street Racer
(Bizarre Creations, 2000). Ciudades reales, estilo y conducción elegante antes del festival.
Gran Turismo 3: A-Spec
(Polyphony Digital, 2001). Brillo, músculo técnico y obsesión automovilística en PlayStation 2.
Need for Speed: Underground
(EA Black Box, 2003). Tuning nocturno, neones y calle con olor a videoclip.
Burnout 3: Takedown
(Criterion Games, 2004). Chocar era arte, terapia y violencia automovilística legal.
Forza Motorsport
(Turn 10 Studios, 2005). Nació el gran rival: simulación seria con garaje enorme.
Need for Speed: Most Wanted
(EA Black Box, 2005). Policía, mundo abierto y persecuciones con mala intención.
FlatOut 2
(Bugbear Entertainment, 2006). Golpes, destrucción y pilotos volando: cafrería bendita.
Test Drive Unlimited
(Eden Games, 2006). Isla abierta, lujo y vida virtual con superdeportivo.
MotorStorm
(Evolution Studios, 2006). Barro, motos, camiones y caos todoterreno brutal.
Mario Kart Wii
(Nintendo, 2008). Volante de plástico, motos y trampas familiares sin perdón.

Los 10: precisión y mundo abierto
Los diez perfeccionaron dos caminos: simulación para puristas y conducción abierta para pasarlo en grande. Ya no bastaba correr; había que sentir, explorar y compartir la locura online.
Gran Turismo 5
(Polyphony Digital, 2010). Ambición gigantesca, coches premium y culto al detalle.
F1 2010
(Codemasters, 2010). Fórmula 1 moderna con lluvia, estrategia y domingo de tensión.
Forza Horizon
(Playground Games, 2012). Festival, carretera abierta y conducción sin cara de examen.
Assetto Corsa
(Kunos Simulazioni, 2014). Física fina, circuitos exigentes y simulación para enfermos felices.
Mario Kart 8
(Nintendo, 2014). Gravedad imposible, belleza visual y caparazones azules traumáticos.
Project CARS
(Slightly Mad Studios, 2015). Clima, categorías y respeto serio por la conducción.
DiRT Rally
(Codemasters, 2015). Tramos duros, cunetas asesinas y miedo real al error.
Forza Horizon 3
(Playground Games, 2016). Australia, libertad y festival automovilístico casi perfecto.
Forza Motorsport 7
(Turn 10 Studios, 2017). Garaje inmenso, técnica brillante y competición de precisión.
Forza Horizon 4
(Playground Games, 2018). Estaciones, Reino Unido y postal con turbo permanente.

Los 20: nostalgia, realismo y fiesta total
Los veinte todavía están en marcha, pero ya han dejado juegos con personalidad: rally minimalista, festivales gigantes, juguetes veloces y simulación de museo. El motor digital sigue quemando rueda.
art of rally
(Funselektor Labs, 2020). Minimalismo precioso, historia del rally y derrapes con elegancia.
Forza Horizon 5
(Playground Games, 2021). México, mundo abierto y alegría motorizada sin complejos.
Hot Wheels Unleashed
(Milestone, 2021). Coches de juguete convertidos en misiles de plástico.
Gran Turismo 7
(Polyphony Digital, 2022). Coleccionismo, precisión y amor casi religioso por el automóvil.
EA Sports WRC
(Codemasters, 2023). Rally oficial, tramos largos y barro moderno para sufrir feliz.

