#HISTORIAS
DONALD, EL PATO-CONDUCTOR-HISTÉRICO CON EL QUE TANTOS NOS IDENTIFICAMOS
#TalDíaComoHoy, 9 de junio, nació en 1934 el Pato Donald, uno de los personajes más famosos de Disney. No fue un héroe del motor, ni falta que le hizo: le bastó un coche, una rueda pinchada y su mal genio para representar al conductor más humano del dibujo animado.
Donald Duck apareció por primera vez en el cortometraje The Wise Little Hen, estrenado el 9 de junio de 1934, dentro de la serie Silly Symphonies. Nació como secundario, pero tenía algo irresistible: esa voz incomprensible, ese carácter inflamable y esa mezcla de soberbia, mala suerte y ternura que lo hicieron crecer hasta convertirse en estrella. A diferencia de Mickey Mouse, más amable, racional y heroico, Donald era puro conflicto. Y por eso funcionaba tan bien. Era el personaje que se enfadaba cuando el mundo no obedecía.
«The Wise Little Hen», el nacimiento del pato más famoso del mundo
Un pato irrepetible
Creado en el entorno de Walt Disney y asociado para siempre a la voz de Clarence Nash, el Pato Donald fue ganando protagonismo durante los años treinta y cuarenta hasta convertirse en uno de los grandes iconos del estudio. Viste de marinero, sin pantalones y vive atrapado entre sus ambiciones, su orgullo y su incapacidad para conservar la calma. Es tío de Jorgito, Juanito y Jaimito, pareja intermitente de Daisy y pariente del riquísimo Tío Gilito. Su biografía ficticia es sencilla, pero su personalidad es inmensa: Donald representa al ciudadano normal cuando pierde los papeles.
El maravilloso enfrentamiento al piano de los Patos Donald y Lucas en «¿Quién engañó a Roger Rabbit?»
Donald frente al Pato Lucas
Compararlo con el Pato Lucas, de la Warner, es inevitable. Ambos son patos, ambos son temperamentales y ambos viven en guerra con el mundo. Pero no son iguales. Donald suele ser un perdedor entrañable: quiere hacer las cosas bien, pero la realidad se le rompe en la cara. Lucas, en cambio, es más cínico, más teatral, más ególatra y más consciente de estar compitiendo por el protagonismo, sobre todo frente a Bugs Bunny. Donald estalla por frustración; Lucas estalla por vanidad. Uno parece un vecino desesperado. El otro, un actor secundario convencido de ser una superestrella.

El 313, su gran vínculo con el motor
La relación de Donald con los coches se concentra sobre todo en el 313, su famoso automóvil rojo. No es un deportivo ni una joya mecánica, sino un cacharro con alma propia: pequeño, viejo, caprichoso y perfecto para él. En los cómics se convirtió en una de sus señas de identidad, reconocible por la matrícula 313, y en pantalla su espíritu ya aparece en Don Donald (1937), donde Donald cambia un burro por un coche y descubre que la modernidad también puede morder.
Cortos donde el coche desata el caos
El ejemplo más claro es Donald’s Tire Trouble (1943). Donald conduce felizmente hasta que pincha una rueda. Lo que debería ser una reparación sencilla se transforma en una batalla contra el gato, las tuercas, el neumático y su propia impaciencia. Ahí está la esencia del personaje: el coche no es un vehículo, es un detonador emocional. También en otros cortos de los años cuarenta, como Donald’s Off Day —1944—, aparece esa idea de Donald como ciudadano moderno que planea una jornada perfecta y termina derrotado por el tiempo, los objetos o sus sobrinos.

El conductor que todos reconocemos
Por eso Donald no necesita una gran filmografía automovilística. Su relación con el motor funciona porque es muy concreta: un pato, un coche problemático y una rabieta universal. No representa el glamour de la carretera, sino la avería cotidiana, el pinchazo inoportuno, la herramienta que no encaja y el orgullo herido del conductor que cree tenerlo todo bajo control. Donald Duck no fue el rey del volante. Fue algo mejor: el primer gran mártir cómico del coche familiar.

