#CINE + COCHES
BERLANGA SOBRE RUEDAS: MOTOCARROS, SEÑORITOS Y ESPAÑA EN ATASCO
#TalDíaComoHoy 12 de junio, nació en 1921 Luis García Berlanga. En su cine los coches no están para decorar: tienen marca, modelo, año, función narrativa y contexto histórico. Desde la comitiva que pasa de largo en Bienvenido, Mister Marshall hasta el motocarro de Plácido o el Land-Rover Santana de La escopeta nacional, sus vehículos ayudan a contar la historia de España casi tanto como sus personajes.

La terrible escena final de «Bienvenido, Míster Marshall»
Luis García-Berlanga Martí (Valencia, 12 de junio de 1921-Pozuelo de Alarcón, Madrid, 13 de noviembre de 2010) no fue un director “de coches” en el sentido clásico. No filmó persecuciones como en el cine americano, ni convirtió el automóvil en objeto de deseo. Pero su cine está lleno de vehículos fundamentales: coches americanos, motocarros de reparto, todoterrenos de finca, berlinas oficiales, utilitarios populares y familiares cargados de mercancía, nervios y ambición.
Lo importante es bajar al dato. En Bienvenido, Mister Marshall, estrenada en 1953, los coches americanos representan la promesa del Plan Marshall y la modernidad que nunca llega a un país hundido en la dictadura franquista. En Plácido, de 1961, el protagonista depende de un Borgward-Iso Isocarro “Motocarro” de 1960, un vehículo de tres ruedas que es sustento, deuda y drama navideño. En La escopeta nacional, de 1978, el Land-Rover Santana 88» Series III encarna como pocos vehículos la España de finca, cacería, ministro, aristócrata y favor pendiente.
Bienvenido, Mister Marshall: la comitiva que no se detuvo
En 1953, Berlanga estrena Bienvenido, Mister Marshall, una de las películas esenciales del cine español. El pueblo de Villar del Río (Guadalix de la Sierra, Madrid) se organiza para recibir a una comitiva estadounidense vinculada al Plan Marshall, el gran programa de ayudas económicas con el que Estados Unidos impulsó la reconstrucción europea tras la Segunda Guerra Mundial. Aunque España quedó fuera de aquel reparto por la dictadura franquista, en la película el pueblo sueña con que esa visita traiga dinero, prosperidad y modernidad.
La escena clave llega al final: la comitiva estadounidense atraviesa el pueblo sin detenerse, a pesar de que el pueblo entero se había volcado con la «visita» de los norteamericanos, con sus mejores galas, decoración en las calles y un gran afán de dar una buena imagen. Pero los coches pasan de largo, levantan polvo y dejan a todos con cara de tontos. Es una de las imágenes más brutales de Berlanga: España entera vestida para una fiesta a la que el invitado principal ni siquiera entra.

El monumental Chrysler Windsor de 1946
Entre los vehículos identificados en la película figuran un Chrysler Windsor de 1946, un Dodge de 1939, un Ford Model A de 1928 y un Packard One-Ten de 1941, todo muy genuinamente americano en aquellos difíciles años cincuenta. El Chrysler Windsor funciona especialmente bien como símbolo: grande, americano, moderno para la España rural que lo observa, pero inaccesible. No viene a salvar a nadie. Solo pasa.
Plácido: el Borgward-Iso Isocarro que movía la película
En 1961, Berlanga estrena Plácido, y aquí el vehículo ya no pasa de largo: está en el centro absoluto de la historia. El protagonista, Plácido Alonso, interpretado por Cassen, trabaja con un motocarro y necesita pagar una letra del mismo que vence precisamente en Nochebuena. Mientras la ciudad organiza la campaña benéfica “Siente un pobre a su mesa”, él tiene una preocupación mucho más concreta: que no le quiten su herramienta de trabajo.
El vehículo está identificado como un 1960 Borgward-Iso Isocarro “Motocarro”. Se trata de un industrial ligero de tres ruedas, con una rueda delantera, dos traseras, cabina sencilla y caja posterior de carga. Era un tipo de vehículo muy usado en la España de finales de los cincuenta y primeros sesenta para reparto, pequeños portes y trabajos modestos. No era un coche de prestigio. Era una máquina para ganarse la vida.

El motocarro original de «Plácido» se conserva en un garaje particular en Manresa
El dato más valioso es que el motocarro utilizado en el rodaje se conserva en Manresa, en el garaje de la familia Martí. Ha sido descrito como un Iso azul marino, con alrededor de 700.000 kilómetros, inmovilizado durante décadas y conservado como una pieza real de la memoria de la película.
El verdugo: SEAT 1400 B y SEAT 600 Playero en la España del desarrollismo
En 1963, Berlanga estrena El verdugo, una de sus obras maestras más negras. En ella aparecen varios vehículos interesantes: SEAT 1400 B de 1957, SEAT 600 Playero de 1961, Renault Floride Cabriolet de 1961, Land-Rover Santana 88» Series II de 1958, Lambretta LD 125 de 1960, Vespa, Volkswagen Sedán de 1962 y ROA Motocarro.


Los SEAT 1400 B y el 600 Playero
El SEAT 1400 B es especialmente relevante por su aire serio, institucional y administrativo. Era una berlina española de representación, muy adecuada para una película donde la muerte aparece rodeada de papeles, funcionarios, viviendas oficiales y normalidad burocrática.
El SEAT 600 Playero, en cambio, aporta contraste. El 600 remite al turismo popular, las vacaciones y la modernización de una España que empezaba a moverse. Pero Berlanga lo coloca dentro de una comedia negrísima sobre un joven atrapado por el oficio de verdugo.
La escopeta nacional: el Land-Rover Santana del poder rural
En 1978, ya en plena Transición, Berlanga estrena La escopeta nacional. Su modelo clave es el Land-Rover Santana 88» Series III, fabricado en España bajo licencia Land Rover por Metalúrgica de Santa Ana en Linares (Jaén). Es el coche perfecto para la película: todoterreno de finca, cacería, barro, guardas, perros, escopetas, ministros, aristócratas y empresarios necesitados de contactos.

El Land-Rover Santana 88» Series III especializado en «cacerías»
La trama sigue a Jaume Canivell, interpretado por José Sazatornil, un industrial catalán que acude a una montería para vender sus porteros automáticos a gente influyente. El Land-Rover Santana no es un vehículo de lujo, pero sí de acceso. Acceso al campo privado, a la finca importante, al círculo cerrado y al poder que decide cosas entre disparos y copas.
En la película aparecen además un Citroën 2CV AK 350 de 1967, un Citroën DS 19 de 1957, un Dodge Barreiros Dart, un MG B de 1970, un Peugeot 404 de 1966 y un SEAT 1500.

Citroën 11 B “Traction” de 1953
Patrimonio nacional y Nacional III: el Citroën 11 B de la aristocracia vieja
En 1981, Berlanga estrena Patrimonio nacional y el año siguiente Nacional III, con la que cierra su trilogía «nacional». En ambas tiene mucho sentido destacar el Citroën 11 B “Traction” de 1953, un coche francés elegante, avanzado en su época y ya claramente envejecido cuando aparece en el universo de los Leguineche. El coche encaja con esa aristocracia berlanguiana: distinguida, caducada, superviviente y fuera de sitio.

SEAT 131 Supermirafiori Familiar de 1980
Moros y cristianos: el SEAT 131 de la España que sale a vender
En 1987, Berlanga estrena Moros y cristianos. El coche más representativo es el SEAT 131 Supermirafiori Familiar de 1980, asociado al viaje de la familia turronera hacia Madrid. También aparece un SEAT 131 Supermirafiori Sofim 2500 Diesel de 1982. Aquí el automóvil ya no representa la promesa americana, la deuda del trabajador o la finca del poder. Representa otra cosa: la pequeña empresa española que carga producto, ilusión, nervios y desesperación comercial. El SEAT 131 Familiar es práctico, amplio y reconocible. No tiene glamour, pero tiene maletero.

Luis García Berlanga, mito absoluto del cine español
Los coches «berlanguianos»
Los coches de la filmografía de Luis García Berlanga funcionan porque están bien colocados en su tiempo. En 1953, los coches americanos de Bienvenido, Mister Marshall prometen modernidad y pasan de largo. En 1961, el Borgward-Iso Isocarro de Plácido representa el trabajo precario y la deuda cotidiana. En 1963, el SEAT 1400 B y el SEAT 600 Playero de El verdugo resumen la España burocrática y desarrollista. En 1978, el Land-Rover Santana 88» Series III de La escopeta nacional retrata el poder rural y el enchufe. En 1981 y 1982, el Citroën 11 B acompaña la decadencia aristocrática. En 1987, el SEAT 131 Familiar pone ruedas a la España comercial.
Berlanga no filmaba coches por afición mecánica. Los usaba porque eran exactos. Cada modelo decía algo concreto. Y por eso siguen teniendo tanta fuerza: porque en su cine hasta un motocarro, un Santana o un Chrysler que no se detiene tienen más información histórica que muchos discursos.

