#HISTORIAS
BRUCE McLAREN, MORIR AL VOLANTE DE SU PROPIA LEYENDA
#TalDíaComoHoy, 2 de junio, murió Bruce McLaren murió en 1970, con solo 32 años, en Goodwood. Pero aquel accidente no se llevó únicamente a un piloto brillante: apagó la vida del hombre que había convertido su apellido en una forma de entender las carreras, la ingeniería y la ambición sin miedo.

El niño de Auckland que llegó a la Fórmula 1
Bruce Leslie McLaren creció entre motores. Su familia tenía un taller y una estación de servicio en Remuera, un barrio de Auckland, y allí empezó a formarse esa mezcla tan poco frecuente de piloto rápido, mecánico intuitivo e ingeniero práctico. De niño sufrió la enfermedad de Perthes, un problema de cadera que le obligó a pasar largas temporadas inmovilizado y le dejó una ligera cojera. Pero aquello no lo apartó de los coches: al contrario, quizá le enseñó a mirar la velocidad con más paciencia y más cabeza. Con apenas 14 años ya trabajaba junto a su padre en un Austin 7 Ulster, y en 1958 dio el salto a Europa. Su ascenso fue fulgurante: en el Gran Premio de Estados Unidos de 1959, disputado en Sebring, ganó con Cooper y se convirtió en el vencedor más joven de la historia de la Fórmula 1 hasta entonces, con 22 años y 104 días.
Maravilloso vídeo en HD del G.P. de Mónaco de 1962, con victoria de Bruce McLaren
Un palmarés que no necesita adornos
McLaren no fue un fundador famoso por casualidad: antes se había ganado el respeto en la pista. En Fórmula 1 sumó cuatro victorias, 27 podios y tres vueltas rápidas, y fue subcampeón del mundo en 1960, por detrás de Jack Brabham. Ganó en Sebring en 1959, en Argentina en 1960, en Mónaco en 1962 y en Bélgica en 1968, esta última ya al volante de un coche con su propio apellido. Fuera de la F1, su figura creció todavía más. En 1966 venció las 24 Horas de Le Mans junto a Chris Amon con el Ford GT40 Mk II, en la histórica primera victoria de Ford en La Sarthe. Y en la Can-Am, una categoría desatada, feroz y casi sin límites, fue campeón en 1967 y 1969. Su prestigio venía de ahí: Bruce McLaren era un piloto ganador antes de ser una marca inmortal.
El creador de una escudería mítica
En 1963 fundó Bruce McLaren Motor Racing junto a Teddy Mayer. No era una multinacional ni una estructura gigantesca, sino un equipo pequeño, casi familiar, construido con ambición, talento y muchas horas de taller. Bruce no dirigía desde un despacho: probaba los coches, hablaba con los mecánicos, interpretaba cada vibración y buscaba soluciones. Esa fue la semilla de McLaren: una marca nacida de la competición pura, de la obsesión por mejorar y de una idea muy clara del automóvil como herramienta de precisión. En 1968, al ganar en Spa con un McLaren, se convirtió en uno de los poquísimos pilotos capaces de triunfar en Fórmula 1 con un coche de construcción propia. Después llegarían Fittipaldi, Hunt, Lauda, Prost, Senna, Häkkinen, Hamilton y tantos otros, pero el origen estaba allí: en aquel neozelandés discreto, técnico y valiente que convirtió su apellido en una cultura de carreras.
Un minuto de ruido, el del McLaren M8D, para celebrar la vida del fundador de la marca
Goodwood, el accidente fatal
El 2 de junio de 1970, Bruce McLaren estaba probando en Goodwood el McLaren M8D, el nuevo prototipo de Can-Am. No era una carrera, sino una jornada de desarrollo: vueltas rápidas, comprobaciones, ajustes y búsqueda de rendimiento. En la zona de Lavant Straight, a altísima velocidad, se produjo el fallo decisivo. La carrocería trasera se desprendió, el coche perdió de golpe apoyo aerodinámico y quedó prácticamente ingobernable. Sin esa carga en la parte posterior, el M8D se desestabilizó, abandonó la pista y salió lanzado hacia el exterior del trazado. McLaren no tuvo margen real para corregir. El coche impactó violentamente contra un puesto de comisarios situado junto al circuito. El golpe fue devastador y Bruce murió prácticamente en el acto. La tragedia tuvo una crueldad simbólica enorme: murió probando un coche creado por su propio equipo, haciendo exactamente aquello que explicaba su vida. Pero la marca sobrevivió al hombre. Y por eso Bruce McLaren no es solo una víctima joven del automovilismo antiguo: es el piloto que dejó una escudería, una filosofía y una leyenda que todavía corre.
