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ALASKA: LAS MEJORES RUTAS EN COCHE POR LA ÚLTIMA FRONTERA
Mucho antes de que los todoterreno salpicaran de barro la Dalton Highway, hubo una firma histórica que lo cambió todo. #TalDíaComoHoy, el 3 de enero de 1959, gracias al Alaska Statehood Act firmado por el presidente Eisenhower en 1958, Alaska se convirtió en el 49º estado de los EE. UU. Desde entonces, la “Última Frontera” ha sido sinónimo de aventura, libertad y naturaleza salvaje. Y no hay mejor forma de explorarlo que al volante.
Bienvenidos a la carretera más salvaje de América
Cuando Alaska pasó oficialmente a formar parte de los Estados Unidos, pocos podían imaginar que un día sus rutas aparecerían en listas de viajes imprescindibles. Aislada, extrema y escasamente poblada, esta vasta región (más grande que España, Francia y Alemania juntas) es un paraíso para los amantes de los road trips.
Aquí no se viene a repostar cafés de máquina ni a buscar señales de wifi: se viene a contemplar glaciares, avistar alces cruzando la calzada y conducir durante horas sin cruzarse con otro coche. Alaska no se visita, se conquista kilómetro a kilómetro.
Estas son las ocho carreteras imprescindibles para recorrer en coche y disfrutar de los paisajes más espectaculares del estado más salvaje de América.
Seward Highway: del fiordo a la montaña
De Anchorage a Seward (200 km)
Declarada National Scenic Byway, esta ruta lo tiene todo: costa, glaciares, bosques boreales y picos nevados. Desde Anchorage, la carretera bordea el espectacular Turnagain Arm, donde no es raro ver belugas, águilas calvas o incluso osos.
Paradas clave:
- Beluga Point, para avistar cetáceos.
- Girdwood, estación de esquí con teleférico al monte Alyeska.
- Portage Glacier, ideal para una caminata sobre hielo.
Ideal para: una escapada de día con vistas inolvidables.
Parks Highway: rumbo al Monte Denali
De Anchorage a Fairbanks (580 km)
Es la espina dorsal del interior de Alaska. La George Parks Highway conecta las dos grandes ciudades del estado y pasa por la entrada del Parque Nacional Denali, hogar del pico más alto de Norteamérica (6.190 m).
Paradas clave:
- Talkeetna, un pintoresco pueblo base para escaladores.
- Denali Viewpoint, para ver el monte si el cielo lo permite.
- Entrada al parque, donde puedes contratar tours o caminatas.
Ideal para: quienes quieren combinar conducción con naturaleza y senderismo.
Denali Highway: la gran olvidada (y la más épica)
De Paxson a Cantwell (217 km de grava)
No es una autovía ni falta que le hace. Esta ruta de ripio ofrece una de las experiencias más auténticas y solitarias del estado. Solo abierta en verano, cruza paisajes remotos con lagos, tundra y vistas constantes a la cordillera de Alaska.
Consejo:
Lleva 4×4, rueda de repuesto, combustible extra y comida. No hay cobertura ni servicios.
Ideal para: aventureros que quieren perderse en serio.
Glenn Highway: glaciares a los lados
De Anchorage a Glennallen (300 km)
La Glenn Highway ofrece un equilibrio perfecto entre belleza natural y accesibilidad. Conduce por un valle glacial mientras las montañas Chugach se levantan imponentes a ambos lados. Lo más espectacular: el Glaciar Matanuska, al que puedes acercarte o incluso caminar sobre él.
Recomendación:
Haz noche en una cabaña cerca del glaciar y despiértate frente a un paisaje digno de otra galaxia.
Ideal para: una combinación de relax, foto y conducción.
Alaska Highway: el camino de los pioneros
Desde Tok hacia Canadá (2.200 km, solo una parte en Alaska)
La histórica Alaska Highway, construida durante la Segunda Guerra Mundial, es una de las grandes rutas norteamericanas. Aunque la mayor parte está en Canadá, su tramo en Alaska (Tok-Fairbanks) ya permite saborear su atmósfera de leyenda.
Lo mejor:
El aislamiento, la fauna salvaje (osos, renos, bisontes) y la sensación de conducir en la nada.
Ideal para: viajeros que llegan en coche desde Canadá o buscan una travesía de larga distancia.
Dalton Highway: al corazón del Ártico
De Fairbanks a Prudhoe Bay (666 km de grava)
Famosa por aparecer en Ice Road Truckers, esta ruta es lo más extremo que se puede conducir en Norteamérica. Cruza el Círculo Polar Ártico, atraviesa el río Yukón y llega hasta el mar de Beaufort, en la costa ártica.
Precauciones:
Solo vehículos bien equipados. No hay apenas servicios ni asistencia. Lleva todo lo necesario. Y recuerda: si pinchas y no estás preparado… nadie vendrá pronto.
Ideal para: conductores expertos con espíritu de explorador.
Haines Highway: glaciares y frontera
De Haines a la frontera canadiense (240 km)
Desde el pintoresco pueblo de Haines, esta ruta asciende rápidamente hacia los glaciares y cruza la frontera con el Yukón. Menos conocida, pero llena de sorpresas: verás lagos azules, bosques densos y probablemente ningún otro coche.
Extra:
Puedes combinar este viaje con un trayecto en ferry desde Skagway o Juneau, navegando por el Pasaje Interior.
Ideal para: quienes buscan rutas mixtas entre mar y montaña.
Sterling Highway: hacia Homer y el océano
De Tern Lake a Homer (225 km)
La Sterling Highway serpentea por la península de Kenai y termina en Homer, una localidad artística famosa por su lengua de tierra que se adentra en el mar. En verano, es territorio de pescadores, artistas y aventureros.
Paradas recomendadas:
- Cooper Landing, junto al río Kenai (ideal para rafting o pesca).
- Homer Spit, para comer marisco o contratar una excursión para ver osos.
Ideal para: combinar mar, gastronomía, arte y naturaleza.
Consejos para tu aventura en carretera
- Cuándo ir: de junio a septiembre. Algunas rutas solo abren en verano.
- Combustible: llena el depósito cada vez que puedas. Las distancias entre gasolineras pueden ser enormes.
- Vehículo recomendado: SUV o 4×4. Algunas rutas son de grava o tienen condiciones cambiantes.
- Vida salvaje: respeta a los animales. No los alimentes y mantén la distancia.
- Aplicaciones útiles: Maps.me (para navegación offline), iOverlander (zonas de acampada), Aurora Forecast (si quieres ver la aurora boreal en otoño).
El viaje más libre de tu vida
Conducir por Alaska no es solo un desplazamiento: es una forma de conectar con lo esencial. Aquí no importa si tu coche es nuevo o viejo, si tienes cobertura o no, o si el café está frío. Lo que cuenta es el silencio de la tundra, el rugido lejano de un oso, o la emoción de ver cómo el Monte Denali se alza entre las nubes.
Pisa el acelerador, baja la ventanilla y conduce como si el mundo acabara más allá del próximo glaciar. Porque, en Alaska, tal vez así sea.

