Goldcar Racing Experience: siendo piloto por un día

Acudimos a la tercera edición de la Goldcar Racing experience en el circuito de Albacete donde fuimos unos de los pocos afortunados en probar un monoplaza perteneciente a la categoría F3.

No todos los días se puede probar un vehículo de competición, en el caso que nos ocupa fueron dos, así que aceptamos al instante a la invitación de Goldcar, empresa de alquiler de vehículos. El evento en cuestión, la Goldcar Racing experience, contaba para su tercera edición en el circuito de velocidad de Albacete con nada menos que un Renault Clio Cup y un Dallara F312 perteneciente a la Fórmula 3 europea. A la cita han acudido representantes de distintas empresas, como Cepsa, Grupo Beme o Circuit barcelona-catalunya, así como deportistas de élite e influencers como Ana Carrasco o ItarteVlogs entre otros.

Además, hemos podido disfrutar de otra serie de actividades diseñadas especialmente para la ocasión y de una entretenida comida antes de concluir la jornada. Esta acción se enmarca dentro de las distintas iniciativas que lleva a cabo la compañía como patrocinador del equipo de automovilismo Campos Racing. La alianza con la escudería involucra a los clientes y seguidores de Goldcar para hacerles partícipes de esta colaboración y ofrecerles la posibilidad de vivir la magia de las mejores competiciones. Una vez hechas las presentaciones, vayamos al caso que nos ocupa.

Toma de contacto con Albacete a los mandos de un Clio Cup

Como todo piloto antes de una competición recibimos un breve briefing por parte de Adrián Campos y su equipo técnico, los cuales nos asesoraron con toda la información referente a los vehículos de competición, cómo llevarlos, así como una breve descripción del circuito de Albacete. No paraban de repetirnos una frase que se convirtió en dogma: «Os vamos a hacer sentir como verdaderos pilotos». Una vez explicado todo llegó la toma de contacto con la pista. Para ello, nos habían puesto un Clio Cup junto a un instructor que nos acompañaría en las dos vueltas que duraba este ejercicio.

Haber competido ya en Albacete me facilitó mucho las cosas. Tras las explicaciones de los ingenerios en lo referente al funcionamiento del coche, nos pusimos en marcha. Acostumbrados a las comodidades de las pruebas de coches en carretera, esto parecía un mundo totalmente distinto: la conducción no es comoda. Pero tampoco busca serlo. Cada bache e imperfección de la pista se nota en una dirección dura pero efectiva. Repetimos, no es cómoda pero es más que satisfactoria.

Tras la vuelta de calentamiento, pudimos exprimir lo mejor que pudimos el motor 1.6 turbo de 230 CV del Clio Cup. Un coche que a priori puede parecer que no es potente si lo comparamos con un Audi R8. La fortalezas de este coche son otras. No residen en la potencia, sino en la estabilidad en curva y sobre todo, en la frenada. Las frenadas en circuito son otro mundo si lo comparamos con cómo lo hacemos en carretera. Aquí hay que frenar fuerte al principio y soltar al final, frenada regresiva lo llaman. Con una parte trasera muy nerviosa durante la frenada por el poco peso, conseguimos dominar esta ‘pequeña bestia’ para dar una vuelta a lo que nosotros creíamos que era nuestro límite. Todavía me acuerdo de las sensaciones. Una máquina para viajar atrás en el tiempo vendría ahora muy bien.

Entre prueba y prueba, competición de pit stop

Goldcar Racing Experience no sólo te convertía en el piloto de un equipo de competición. También en parte del equipo, en concreto íbamos a simular un pit stop. Tuvimos la suerte de coincidir en el mismo equipo con Cristóbal Rosaleny y una resposable del circuito de Montmeló, gente que lleva la competición en la sangre. Tras los ensayos iniciales, que fueron algo desastrosos, conseguimos aprendernos las mecánicas de cómo cambiar la rueda. Llegada la hora de la verdad paramos el crono en algo más de 7 segundos. Nada mal para un equipo de novatos pero a años luz de los profesionales de la Fórmula 1 que son capaces de hacerlo en poco más de dos segundos.

Aquí también hubo un elemento de competición: equipo A versus equipo B. Con la lección aprendida afrontamos la final con ganas pero esto es un deporte de equipo y si una pieza falla el resto también. Desde las traicioneras pistolas, ruedas que no eran colocadas de la manera correcta hasta tuercas que se salían de sus sitios, no pudimos vencer el crono del equipo A que lo había parado en 5,1. Una marca verdaderamente buena. Tras varias intentonas, conseguimos hacer un tiempo de 5,5. Un tiempo realmente bueno también.

La hora de la verdad, Dallara F312

Llegaba el momento, el esperado y a la vez mágico momento. Todo lo demás había sido el calentamiento para llegar aquí. Un vehículo que impone desde el primer momento una vez te has colocado en su angosto habitáculo. A modo de anécdota el equipo de ingenieros tuvo que colocarme varias espumas para poder llegar a los pedales dada mi escasa estatura. Además, tuve que hacer la prueba descalzo porque mis zapatillas rozaban y me impedían controlar el gas y el freno correctamente.

Solventados los problemas iniciales mi única preocupación era una: que no se calase el coche. Los coches de competición son conocidos por su dificultad para salir en parado (es todavía más difícil si vas descalzo). Sorprendentemente el coche no fue para nada complicado y tenía un tacto de embrague duro pero preciso. Tras haber vencido el miedo de todo apasionado de los coches solo quedaba una cosa por hacer: disfrutar el momento, saborear cada milímetro de pista y sobre todo, empaparse de las sensaciones que ofrece un monoplaza.

Muy sabiamente, Campos Rancing puso un vehículo delante a modo de liebre. Estos coches son muy críticos y si te vas creciendo puedes acabar fuera de la pista en un momento. Mi liebre fue nada menos que German Sánchez, campeón del mundo de esta disciplina unos años atrás a los mandos del Clio Cup. El fue todo lo rápido que su coche le permitía ir por lo que pude disfrutar de verdad el F3. Desde la postura de conducción, la capacidad de frenada o su adherencia, hasta la potencia de su motor Toyota próximo a los 250 CV, todo eran alabanzas hacia el Dallara F312. En palabras de Rosaleny, una eminencia en esto de las cuatro ruedas: «El mejor monoplaza que he probado en mi vida».

Si con el Clio ya era otro mundo, con el monoplaza era otra dimensión. A día de hoy me siguen faltando palabras y calificativos que puedan siquiera acercarse a lo vivido aquel día en el circuito de Albacete. Una experiencia inolvdable e irrepetible (espero repetir el año que viene).

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Categoría: ActualidadEventos del motor
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