Diseño

Pocas veces un coche permanece tantos años con el exterior apenas inalterado como el Mercedes-Benz Clase G. El también mítico Jeep Willy o Willys, uno de los pocos con el que se podría comparar este Clase G, está en esta línea, y no deja de ser curioso que dos coches de este calibre tengan este carácter de casi misticismo y adoración por parte de sus incondicionales y de todo tipo de admiradores. Por desgracia, casi todos ven o vemos muy lejos el poder poseer uno.

El Mercedes-Benz Clase G nace en 1979 y, desde entonces, muy pocos rasgos se han modificado en su diseño exterior. La esencia de este coche es ser un auténtico cuadrado, robusto, mazacote, con el parabrisas y las ventanillas prácticamente verticales, sin ningún atisbo de curva o redondez por ningún lado, salvo en las ruedas, obviamente.

No quiero saber, ni de manera aproximada, el coeficiente aerodinámico del Clase G, pero apostaría a que en una lista con todos los coches que se venden en el mercado actualmente en nuestro país, si no está el último, está el penúltimo. #ComoTeLoDigo. Venga, va, hemos investigado un poco, la marca no lo dice de manera oficial, pero el Cx es de 0,54. Una barbaridad. Como todo el coche en general. #ComoTeLoDigo.

Pero ante este hecho prácticamente irrefutable, está claro que otras virtudes, y muy pronunciadas, debe tener el Clase G para que sea un vehículo casi idolatrado por todos. Obviamente, no se trata de su comodidad, sus parcos consumos o su deportividad. Tampoco su bajo precio. Estamos hablando de que este diseño de finales de los años 70 se perdona, sencillamente, porque es, seguramente, el mejor todoterreno del mercado.

Ser un vehículo deseado por casi todos no tiene relación directa con su diseño exterior. ¿O sí? Es tan importante lo que no se ve, las tripas de este mastodonte de 2.600 kilos de peso, que la apariencia exterior debe ser un mensaje, y el del Clase G sería algo parecido a “Ni me molesto en perder el tiempo en currarme un diseño moderno ni líneas futuristas, porque cuando estés atrapado en el barro y salgas casi sin esfuerzo, verás lo que te importa el diseño exterior”.

El frontal es tan sencillo, casi diría simple, incluso con su toque peyorativo, que cualquier niño pequeño puede dibujarlo con unos pocos trazos. Dibujas un rectángulo, dos faros redondos a una altura considerable, tres lamas gordas en la parrilla con el símbolo de Mercedes-Benz-Benz en el medio, un parachoques monstruoso, mucha altura al suelo y un parabrisas vertical, también rectangular. Fácil.

Luego ves algún detalle más, como las luces diurnas led bajo los faros bixenon, los voluminosos intermitentes ya casi en el capó, retrovisores cuadrados de generoso tamaño, y en los laterales se adivinan unos cubre ruedas prominentes que aseguran un considerable espacio de trabajo.

La vista lateral de nuevo abusa de las aristas, se olvida de las redondeces y te das cuenta que este Clase G se puede dibujar a mano alzada con cuatro trazos rápidos. La planta que tiene es digna de vehículo de la época de posguerra, donde no se estaba para tonterías y las planchas de metal se montaban tal cual salían de la máquina.

Aquí detectas que el capó tiende a perder centímetros según se acerca a la parrilla, y la zaga no es tan recta como parece, sino que el parachoques trasero está más lejos que la parte superior del portón. También el parabrisas está levemente inclinado. Apenas unos grados, no llega a pasar de 16-18 con respecto al ángulo recto. Mucha superficie acristalada, llantas de generosas dimensiones y la rueda de repuesto colgando del portón.

Es el portón una de las reminiscencias originales más fuertes, pues aún posee apertura lateral. A pesar de una ventanilla cuadrada de generosas dimensiones, poco se ve de manera directa a través del cristal, pues la rueda de repuesto tapa un buen trozo de la misma. Para dificultar la cosa, por cierto, el reposacabezas central trasero quita el 80% de la visión directa. Terrible la funcionalidad.

Por último, destacar los grupos ópticos, realmente pequeños, situados en una posición muy baja, sólo por encima del parachoques, que se abre para recibir la matrícula. De verdad que no se parece a nada en el mercado.

Y no quiero dejar pasar la oportunidad de hablar sobre la apertura de las puertas. El sistema de hace 40 años sigue vigente aquí. Plástico duro en el tirador y meter el dedo, con fuerza, por supuesto, para hundir la parte metálica y conseguir que la pesada puerta, sea cual sea, franquee el acceso. Hay que trabajar un poco, avisado quedas.

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PRUEBA: MERCEDES-BENZ CLASE G. Otra historia

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