En marcha

Aquí sí que vamos a poder buscar un poco las cosquillas, no demasiadas, pero sí unas poquitas, al bueno del Ford Edge. Sin embargo, francamente, tiene tan pocos puntos débiles que sólo la crisis a este lado de Europa explica que haya tardado tanto en llegar, sin duda este es un mercado que demanda coches más pequeños, económicos y racionales. No obstante, los que buscan algo más, están más que de enhorabuena con la llegada de este pedazo de Ford.

Así las cosas, llegamos al momento en el que hay que remarcar que el Ford Edge que tenemos esta semana a prueba tiene un motor de dos litros TDCI de 180 caballos, gasóleo, y tracción 4×4 automática con cambio manual de seis velocidades. El color, aún no hemos comentado nada y nunca es tarde para hacerlo, es un azul oscuro metalizado que favorece y mucho al Edge.

También hay que poner sobre el tapete una realidad evidente. Su configuración como SUV, crossover, 4×4… llámalo como quieras, hace que tenga el centro de gravedad algo elevado, más si cabe con esas pantagruélicas ruedas de 19 pulgadas que parecen poder con todo. Además, son más de 1.800 kilos en canal, lo que va a exigir a nivel de frenos bastante, lo mismo que a sus 180 caballos en aceleraciones más o menos fuertes.

Con estas premisas, pasamos a comentar la dinámica de un Ford Edge que, efectivamente, responde más o menos a todo lo que esperamos de él, poco se separa de esa línea imaginaria por la que discurren en este apartado vehículos de este calibre, potencia y características.

Para empezar por algún lado, la cifra de aceleración está ahí: 9,9 segundos en el 0 a 100 km/h, lo que nos dice que los 180 caballos son bastante percherones. Eso sí, 400 Newton Metro de Par Motor, una cifra que garantiza que casi siempre habrá caballos disponibles, independientemente de la marcha y el régimen de revoluciones en el que nos encontremos.

Otro dato que nos da una visión más global de todo lo que rodea a la dinámica, es el consumo. Al final del medio millar de kilómetros de prueba que hemos hecho con el Edge, hemos obtenido una cifra fantástica de 7,2 l/100 km, pero también somos conscientes de que hemos sido extremadamente cuidadosos con el pedal del acelerador. En autovía a velocidades legales sí que podemos estar un poco por debajo de los 7 litros, pero a la mínima que la carretera se retuerce o circulamos por ciudad… la cosa se dispara.

En todo crossover la calibración de las suspensiones es uno de los puntos más complicados, pues no deja de ser una manta que mide lo que mide, y si te tapas la barbilla dejas los pies al aire y viceversa. En este caso, el compromiso es bastante adecuado, aunque quizá el punto más censurable es su permisividad a la hora de afrontar curvas más o menos cerradas, lo que produce cierta sensación de balanceo, no muy pronunciada, pero existente al fin y al cabo.

En ciudad hay que estar muy pendiente dado el volumen que desalojamos. Vamos muy altos, la posición de conducción es elevada, el coche tiene un capó largo y prominente, y no es fácil calcular en aparcamientos públicos. Si no es por las ayudas, cámaras traseras y frontales incluidas, la cosa sería más tensa. Para los que necesiten una mano, nuestra unidad viene con ayuda al parking y no funciona del todo mal.

En autovía la conducción es muy suave. Es realmente placentero recorrer grandes distancias a los mandos de este Ford Edge. Mejor evitar brusquedades al volante, la carrocería no lo tolera demasiado bien y enseguida aprenderemos, si no lo tenemos claro desde el principio. Sin embargo, con suavidad, aceleraciones progresivas, utilización ordenada y coherente de todas las ayudas a la conducción… fácilmente llegaremos a nuestro destino con la sensación de haber dormido diez horas en el mejor colchón que podamos imaginar. La insonorización, obvio, es bastante buena.

No me voy a extender en tema curvas, pues ya hemos visto que las suspensiones, pese a ser un Ford, generalmente más duritas, es bastante permisivo en compresión y extensión, donde sí comentaré algún detalle es fuera del asfalto. Con la tracción 4×4 permanente, gozamos de ese puntito de seguridad extra al saber que siempre tendremos agarre y seguridad de ambos ejes cuando sea necesario.

De normal es la tracción delantera la que trabaja y es un potente ordenador el que calibra las necesidades del vehículo a cada momento y detecta faltas de tracción para decidir mandar potencia al eje trasero y hacer más fácil y efectivo el avance. Dicho esto, no es necesario dar a ningún botón ni ruleta cuando abandonamos lo negro y nos adentramos en pistas, caminos, senderos, roquedales, etcétera.

Como no puede ser de otra manera, hemos intentado buscar las cosquillas al Ford Edge, pero hemos sido comprensivos al no ser un 4×4 puro. Sus cotas tampoco son desmesuradas, está concebido más como gran y voluminosa carroza de viaje que como aventurero campero, y es cierto que llega mucho más allá que cualquier SUV, pero también es cierto que un 4×4 puro, aún sin reductora, le sacaría los colores al ser mejor en cotas y sistema de tracción.

No obstante, para acceder a los escenarios del reportaje gráfico que acompaña esta prueba tuvimos que salvar muchos y diferentes obstáculos, cosa que hizo con bastante diligencia. Los neumáticos no eran los mejores del mundo para estas lides, pero aún así no titubeó ni mostró excesivas debilidades.

Por cierto, el cambio, su guiado… nos ha parecido algo duro, quizá un puntito tosco. En cualquier caso, mejorable, pero no tanto como para impedir su compra.

Diseño

Interior y vida a bordo

Motor, acabados y equipamiento

Conclusión

Galería

 

PRUEBA: FORD EDGE, SUV made in USA

Categoría: 4x4PortadaPruebasSegmentoSUVTodo Terreno
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