Interior y vida a bordo

El habitáculo del Ford Edge es de los que sabe qué hacer para contentar a sus clientes. Lo da todo, ‘se vacía’ en la apreciación visual, donde claramente está muy por encima de posteriores percepciones y opiniones. De verdad que nada más subirse a este coche uno tiene la sensación de estar a bordo de un vehículo Premium.

Y esta vez decimos esto sin estar a los mandos de una unidad con el acabado tope de la gama. Es más, de los cuatro diferentes acabados, Trend, Titanium, Sport y Vignale, el summum de cualquier Ford, estamos a los mandos de un Titanium, que sin ser el Vignale, recurre al negro para ofrecer una imagen impecable, visualmente funciona, y de verdad que parece que no puede haber un acabado mejor, ni más lujoso, ni mejor hecho.

El pedazo de cuadro de mandos y salpicadero ya lo hemos visto en otros Ford de alta alcurnia como el Mondeo o el S-Max, con esa misma consola que tanto nos gusta y que detallaremos a continuación, con ese innegable toque americano, quizá con mucho espacio desaprovechado y una ruleta gigante… pero como sabemos de dónde viene Ford, no podemos poner muchas pegas cuando la presentación es mucho mejor y la cantidad de datos y dispositivos que nos ofrece este nuevo vehículo de Ford es infinitamente mejor que el precedente.

Siguiendo con la descripción del interior, nuestra unidad lleva cuero, asientos multirregulables, con calefacción y ventilación, memoria, regulación lumbar, y con una comodidad y una sujeción lateral muy buena. La palanca de cambio está en su situación natural, el volante se regula a gusto del consumidor.

Generalmente recogemos los coches de prueba y salimos pitando. El cambio de tercio de Ford hace que nos pasemos un buen rato configurando todo lo configurable. Nos encanta. Absolutamente todo se puede regular. Los mil y un dispositivos que monta se pueden adaptar a nuestros deseos. La distancia con el coche que precede en la velocidad de crucero adaptativa, si nos salimos de carril que sólo avise o que avise y corrija con leves tirones del volante, la rapidez con la que salte la alarma en caso de fatiga al volante o el aviso de pre colisión… parece una cosa de locos, pero la verdad es que es alucinante que podamos adaptar el coche a nuestros deseos y no sea al revés.

El nuevo aspecto de la pantalla táctil del navegador y todo lo que implica este nuevo elemento no pasa inadvertido (incorpora ya el SYNC3). Pantalla de generosas dimensiones -ocho pulgadas- pocos botones alrededor, aunque pequeños, aspecto a mejorar y todo muy clarito, sin posibilidad de equivocación. Además, nos encanta que, de primeras, la pantalla esté dividida en cuatro y puedas elegir directamente hacer más grande las conexiones de móvil, el navegador, el sistema de audio o el climatizador. De verdad que hay que quitarse el sombrero.

Si nos metemos con el navegador, sólo hay un aspecto que nos ha chocado, y es que la tactilidad es mejorable. El zoom también puede ser un poco más rápido, y mejor con una ruleta, no con teclas táctiles en la propia pantalla. Por lo demás, es intuitivo acceder a todos los menús y submenús, recorrerlos, configurar todo a tu gusto y comprobar todo lo que te apetezca de manera fácil y cómoda. De verdad que el salto de calidad es brutal.

El volante también tiene un nuevo diseño. El cuero es fino, el tacto perfecto y la botonería está muy estudiada. Hay muchas teclas, pero todas están donde deben estar y regular el sistema de velocidad de crucero adaptativo, subir el volumen del audio o pasar de una pantalla a otra del ordenador de a bordo se hace con bastante desenvoltura e intuición a partir del segundo día de uso.

El ordenador de a bordo nos gusta bastante. Para nuestro gusto se han agrupado los datos de forma que tienes que bailar siempre entre los ajustes, los parciales y los consumos, pero al final los maniáticos en dos botonazos hemos recorrido todos los datos que nos interesan en cuanto a tiempo al volante, kilómetros, consumos y medias.

Las dos esferas grandes, a la izquierda el cuentavueltas, a la derecha el velocímetro, están separadas por una pantalla en la que también puedes ver información sobre la música o la conexión del móvil, aunque este espacio nos parece que está algo desaprovechado.

En el interior del cuentarrevoluciones tienes todos los datos posibles del ordenador de a bordo y se van desplegando también todas las opciones de regulación de todos los dispositivos configurables. En el centro de la esfera del cuentakilómetros, una silueta del propio coche te indica un sinfín de datos, desde cuando llevas las luces puestas, hasta el aviso de invasión de los carriles laterales, pasando por la distancia de separación con el coche que te precede, también con simbología de colores, verde, amarillo o rojo.

A modo de display, reflejado en el parabrisas a la altura de los ojos, la alarma visual de color rojo parpadeante cuando nos acercamos peligrosamente al coche que nos precede. Un sistema muy parecido al de Volvo, sino el mismo, que nos encanta. Por cierto que hay un detalle que puede pasar desapercibido, de hecho nosotros tardamos un buen rato en darnos cuenta, y es que la consola central está un poco sobreelevada en la parte inferior y existe un pequeño espacio para dejar móvil o cartera fuera del alcance visual de posibles cacos.

No hace falta que digamos que los materiales y el encaje de los mismos son buenos, aunque un puntito peor, sin ser malo, de lo que promete visualmente el asunto. La apertura sin llave y arranque por botón ‘Ford Keyfree’ también lo monta nuestra unidad. En cuanto a huecos, nos encanta comentar que hay espacio de sobra en todas partes, en la guantera, en las puertas, debajo del reposabrazos e incluso detrás de la palanca del cambio.

Investigando detrás del reposabrazos central, un enchufe convencional nos hace de nuevo esbozar una sonrisa por su practicidad, lo mismo que la doble entrada de USB dentro del hueco en la mini guantera tras la palanca del cambio. Ojo porque al lado del enchufe tradicional, frente a las plazas traseras, nos encontramos dos botoncitos que permiten a los ocupantes traseros calentar sus asientos.

Atrás, por supuesto, el espacio es casi desmesurado. No hay límites en ninguna dirección de espacio. El confort del pasajero central será un poco peor, pero hay tanto espacio para piernas, hasta el techo y a lo ancho, que fácilmente no pondrá problemas si le toca chuparse 500 kilómetros de viaje del tirón.

El espacio de las plazas traseras podría hacer pensar que el maletero va a notar las consecuencias… pero nada más lejos de la realidad. El diseño que tanto nos gusta por fuera parece que ha sabido hacer los deberes por dentro, y los 602 litros de capacidad del cofre son una nueva sonrisa más en nuestro rostro, y más grande si cabe si vemos que bajo el plano de carga hay una rueda de repuesto de galleta. Y con apertura automática remota o por proximidad. De verdad que en este apartado es difícil criticar al primo de Michigan.

Por cierto, no viene de serie y hay que pagarlo aparte, pero el pedazo de techo panorámico que lleva nuestra unidad bien merece el esfuerzo económico para hacernos con él. Con estos ingredientes, supongo que es extraño no tener ni en opción una tercera fila de asientos. Lástima.

Diseño

En marcha

Motor, acabados y equipamiento

Conclusión

Galería

 

PRUEBA: FORD EDGE, SUV made in USA

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