Diseño

El Ford Edge nos ha parecido un gran coche. No sólo por tamaño, sino por elegancia y saber estar. De igual manera, hay alguna cosa mejorable, pero para ser sinceros, nos agradan las apuestas arriesgadas en nuestro mercado, nos gustan las marcas valientes que, sabiendo que no va a ser un superventas, apuestan por coche que puede que no encajen con la realidad socioeconómica del momento, pero que sirven de acicate para que los soñadores no dejen de perder de vista lo que realmente les motiva.

Y así llegamos a este Ford Edge, un todoterreno urbano que viene bajo el brazo con toda la racionalidad posible cuando hablamos de un casi gigantesco 4×4 de poco menos de dos toneladas de peso y una apariencia absolutamente abrumadora.

La fisionomía del Edge es típica americana. El frontal casi asusta. El capó es altísimo, la parrilla es inmensa, los faros le dan un punto de agresividad que le viene al pelo. Sinceramente, la parte delantera está muy trabajada, nada está dejado al azar, y la imagen que ofrece de primeras es realmente poderosa.

La vista lateral es, como poco, igual de sorprendente, genuina y, por supuesto, prometedora. A pesar de contar con cierta altura al suelo evidente, vemos que la carrocería es muy compacta, el techo es bastante bajo, y el habitáculo parece estrecho y largo. Esto crea una silueta deportiva sí o sí, pero es que se potencia una barbaridad con ese alerón superior que denota un punto racing que ha hemos visto en algunos SUV crossover deportivos.

De este lado vemos los faros bastante rasgados, y cómo la parte acristalada apenas sube dos cuartas de la línea del capó. Los cuartos traseros son musculosos, muy potentes, cosa que remarca, además, la llanta de 19 pulgadas que vemos en las imágenes. A pesar de que hay bastante chapa, no parece nada mazacote, aunque sí robusto.

La parte trasera es la que más me gusta junto con la vista frontal. El trabajo realizado en los pilotos, transparentes, y con un dominio del rojo y blanco espectacular, es digno de alabanza. Está claro que encajan más al otro lado del Atlántico que aquí, pero por estos lares cada vez hay gente que sabe apreciar estos trabajos más típicamente yanquis que otra cosa.

Así, nos encanta pisar el freno sólo para ver una firma lumínica increíble, prácticamente una fina línea roja de extremo a extremo, sólo interrumpida por el logo de Ford. Igual pensáis que se me va la pinza, pero si los vaqueros de las pelis del Oeste llevasen luces de freno veríamos a John Wayne en un plano americano con unas señales rojas muy parecidas a estas.

Esa franja central superior, separa la luneta trasera, tintada y el prominente alerón superior de la chapa, las defensas y las salidas de escape de un coche que nunca deja de parecer robusto y preparado para todo, mires desde donde lo mires.

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PRUEBA: FORD EDGE, SUV made in USA

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