En marcha

A lo tonto, a lo tonto… le han caído 650 kilómetros en esta semana de pruebas al Abarth 595C Turismo 1.4 16v T-Jet con cambio manual. Y los escenarios no han podido ser más variados, ya que a los kilómetros habituales en ciudad, autovía y carreteras de curvas, le hemos añadido una mañana entera en una pista de karts donde ha podido mostrar quizá su faceta más característica.

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El consumo medio, el dato final, tras esta prueba, pensamos que vale para bastante poco, porque es un coche que es extremadamente sensible a la intensidad y duración del pisotón en el pedal del acelerador. Si eres extremadamente cuidadoso y no le quieres buscar la parte racing al asunto, será fácil que puedas moverte en torno a los 7 litros a los 100 kilómetros. Sin embargo, si te metes en harina a la mínima que puedes, los dos dígitos serán habituales en tu ordenador de a bordo y los 35 litros del escueto depósito de combustible parecerá que te duran apenas un ratito y tendrás que estar pendiente de dónde está la gasolinera más cercana. En la mañana en la pista de karts la media fue de 20,8 litros a los 100 km. Casi nada.

Nosotros, antes de meterlo en circuito, logramos bajar de 7 litros (6,7) a los 100 km, eso sí, acariciando el pedal tanto en autovía como en la urbe. Sin embargo, tras el circuito y un par de puertos de montaña la media se quedó muy cerca de los 8 litros. Para muestra, sirva este botón.

Las características físicas de este Abarth 595 y sus 165 caballos marcan, obviamente, la personalidad de este pequeño escorpión. La batalla corta, la potencia, que se mueve en un ratio de poco más de 6 kilos por CV y la ligereza del conjunto nos dibuja una realidad francamente apetecible para cualquier mortal con un volante en las manos.

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Con estos mimbres, es fácil adivinar que su comportamiento va a ser enérgico y directo, muy divertido, pero también exigente. La dirección es muy directa, el coche parece que gira mucho en movimiento, aunque luego, en parado, ves que el radio de giro no es tan bueno como habrías presumido. El control de tracción entra antes de que te des cuenta y la manejabilidad es mejorable. También hay que decir que por debajo de 2.500 revoluciones por minuto el motor está muerto. Luego, estira con rabia hasta las 6.300 vueltas del corte de encendido.

En la ciudad es imbatible. Por su tamaño, poco más que un Smart de dos plazas, se cuela casi por cualquier lado, y debes ser consecuente para no sorprender con tu agilidad al resto de usuarios de la vía. Gana mucho también en esta versión descapotable, accionable por botón, aunque no termina de abrir o cerrar de un botonazo, y son como dos-tres tramos, el primero, o el último, según se mire, te obliga a mantener el dedo en la tecla, cosa que no termina de convencernos. Pero también permite abrir el techo a medida, dejando más o menos centímetros al aire a voluntad. Y no tarda más de una docena de segundos.

Ha mejorado un poco con respecto a la versión anterior, ahora la visibilidad trasera es un pelo mejor, pero sigue siendo insuficiente. En cualquier caso es un placer rodar a techo descubierto en ciudad, pero ojo, porque a la que pasas de 90 fuera de la urbe se hace bastante duro conversar con el copiloto, y si nos ponemos a 120 km/h os prometo que he tenido que gritar para intentar hacerme entender. Y ya te digo que a 120 olvídate de bajar el techo con pasajeros detrás.

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También te digo que no es un descapotable o un cabrio convencional, ya que siempre mantiene los montantes sobre el pilar B, por lo que sí que se descubre la parte superior del coche, pero los laterales sigues teniendo los marcos de las puertas. Al menos podemos abrirlo en dos terceras partes desde el mando, algo que nos gusta.

En autovía y autopista, por completar la información, hay que decir que no es el coche ideal para viajar, ni muchísimo menos. El motor es ruidoso, ya he mencionado antes el asunto, y ni por confort de marcha ni por comodidad, podemos decir que sea su fuerte. Con la capota echada podríamos aguantar un viaje largo, dentro de unos términos coherentes, pero desde luego no es lo mejor.

Pero es que este Abarth, además de para fardar bastante en la urbe con pequeños sprints entre semáforo y semáforo, es el juguete perfecto para carreteras de curvas. En uno de nuestros puertos de montaña preferidos se ha mostrado tal y como se le esperaba, muy divertido, aunque tampoco nos ha apasionado por nada en especial. Hay coches con más potencia, también más caros, que te dejan mejor sabor de boca por sensaciones de conducción.

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No nos ha gustado nada que en la posición más baja, el asiento del piloto está increíblemente alto, imposible sentir deportividad con la banqueta 10-12 centímetros más alta de lo que debería. Tampoco ayuda el volante grande a una sensación deportiva. Todo mejora un poco cuando apretamos el botón Sport, pero tampoco nos vengamos arriba, se logra aumentar un poco esta sensación, pero tampoco es para tirar cohetes.

Y no lo decimos porque hay versiones de este Abarth con 180 y 190 CV, 15 y 25 más que el nuestro, sino porque un Mini Cooper S, sin ser el más deportivo, nos hace sentir más la carretera y la conducción que este Abarth que, a pesar de todo, nos regala una buena dosis de deportividad.

El motor emite los bramidos de rigor, el 1.4 hace lo que puede, pero en el día a día resultan un poco molestos y cuando vas a por todas parecen insuficientes, esperas más… aunque algún petardeo se escapa y en ese momento tu corazón te sonríe con sinceridad. Lo mismo con suspensiones y amortiguación: sorprendentemente no nos parecen muy duras para el día a día, aunque con resaltos en la carretera y asfalto en mal estado echamos de menos un Fiat 500 convencional, pero metidos en harina no nos importaría contar con algo más de firmeza y potencia de frenada, por culpa de unos discos demasiado pequeños, aunque a la larga deben ser suficientes gracias a un peso que pasa por muy poco de la tonelada. Los neumáticos también podrían agarrar aún más, sin ser malos.

Foto Abarth 595C Turismo

En la pista de karts sí que hemos disfrutado. Tenemos la referencia de bichos como Audi R8 o Mercedes AMG GT-S, también de Peugeot 308 GTI y 208 GTI, y a pesar de que el pequeño león no lo hizo mal del todo, ha sido con este pequeño escorpión con el que más hemos disfrutado y con el que más hemos disfrutado en una pista revirada a más no poder, pese a sentir algo de fatiga en los frenos después de unos cuantos minutos de intensidad y un olor a barbacoa. Lo malo es que las llantas de 17 nos parecen pequeñas para estos menesteres y en algún piano, con el borde algo alto, parece que se va a desencuadernar todo.

Por cierto que el cambio nos ha gustado bastante gracias a su mínima expresión tanto en tamaño como en guiado, aunque esta última parte también es mejorable, tras algunos fallos metidos en harina, achacables también, en parte, al propio piloto. Al césar lo que es del césar. También, en bastantes ocasiones, nos ha faltado una sexta marcha. Más de una vez hemos hecho el gesto de engranar la sexta y casi se nos va a la marcha atrás.

Diseño

Interior y vida a bordo

Motor, acabados y equipamiento

Conclusión

Galería

 

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PRUEBA: ABARTH 595C. Escorpio y Géminis

Categoría: CabrioDeportivoPortadaPruebasSegmentoUrbanoUtilitario
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