En marcha

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Dinámicamente, y pese a que partimos de una base de un segmento inferior, los andares del CX-3 no nos han parecido nada mal. En particular con nuestra unidad de prueba, estamos a los mandos del único motor diesel que tiene, por el momento, el 1.5 Skyactiv-D de 105 caballos y cambio manual de seis velocidades, con tracción a las ruedas delanteras. Hay que aplaudir el enfoque de Mazda, que aunque sepa que en este escenario de guerra pocos eligen tracción a las cuatro ruedas, dos de los tres motores de su gama incorporan la posibilidad de tracción 4WD, además de incorporar cambio automático. Puede que sea una de las gamas y ofertas más completas del segmento sin lugar a dudas. Y eso siempre es de alabar.

Mazda ha abusado –en este caso es bueno- de los materiales ligeros, y ha dado en el clavo para lograr una dinámica casi ejemplar, y un ahorro de combustible que se nota en lo espaciado de ir a repostar después de cada llenado. Con un peso en torno a los 1.200 kilos, este Mazda CX-3 puede presumir de cinturita, sin dejar a un lado una agilidad que está presente, incluso con un motor austero de gasóleo de 105 caballos, aunque todo muy lejos de la deportividad que puede inspirar el exterior.

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Con esta buena planta y con esta dinámica, el resultado solo puede ser, como poco, notable, ya que apenas penalizan esos centímetros de más en altura, y el centro de gravedad, a pesar de todo, sigue estando bastante bajo y se puede curvear con cierta agilidad, gracias a una batalla que no es excesivamente larga, pero tampoco corta para no penalizar la estabilidad.

El coche es moderadamente divertido de conducir. Sin tirar cohetes, pero está bien. El motor da lo que da, pero aún así se puede apreciar un buen tacto de conducción casi en cualquier escenario. Su mejor terreno es la ciudad. Con sus consumos contenidos, su agilidad, su diseño urbanita y moderno y su decente espacio y habitabilidad, es un coche perfecto tanto para la urbe como para periferia y alrededores.

Foto Mazda CX-3

Si hay que viajar, se viaja. No es descabellado, y más con este motor, que no suena demasiado y que guarda una calidad de rodadura muy decente. No es la mejor insonorización del mundo pero es más que acorde al segmento en el que lucha a brazo partido por su porción de pastel.

En cuanto a viajes largos, se puede. A velocidades legales incluso se puede bajar de 5 litros de consumo cada cien kilómetros en autovía. Ayuda y mucho el control de crucero con el que cuenta y la comodidad de unas suspensiones, que están muy bien equilibradas para evitar marcadps balanceos de una carrocería deportiva y contenida. Bien por el cambio, mejor si cabe ya que a veces habrá que bajar de marcha para adelantar en carreteras de un único sentido.

La media final de consumo se ha quedado en torno a los cinco litros y medio, cifra notable, que podríamos bajar con una conducción más moderada y económica. Pero el CX-3 te invita a disfrutar del manejo y de la vida, y hay veces que no te puedes rendir a ello.

Foto Mazda CX-3

Pero no olvidemos que es un SUV, y que puede salir del asfalto. De hecho, irá un poquito más allá que un compacto normal, pero ni por tracción ni por potencia podrá ir mucho más allá, así que ojo con afrontar retos fuera de lo negro para lo que no está preparado, al menos con esta potencia y tracción.

Diseño

Interior y vida a bordo

Motor, acabados y equipamiento

Conclusión

Galería

 

PRUEBA: MAZDA CX-3. Entra por los ojos

Categoría: 4x2CrossoverPortadaPruebasSegmentoSUV
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