Interior y vida a bordo

De nuevo recurrimos al tópico de luces y sombras, más de lo primero que de lo segundo, en el habitáculo del Mazda CX-3. La impresión visual es fantástica. Moderno, juvenil, pero también completo y ordenado. Pocas cosas a criticar en cuanto a lo que nos entra por los ojos, sea a primera o a segunda vista. Tanto en las unidades que apuestan todo al negro, como las que combinan con el símil piel clarito, tienen un aspecto de calidad casi Premium que incluso alguno desearía para coches tipo Audi A3 o BMW Serie 1.

Foto Mazda CX-3

Como digo, lo que vemos nos gusta. El cuadro de mandos es muy fresco y atrevido, en la línea de otros Mazda. Apuesta por una esfera analógica central con el cuentarrevoluciones. Abre abajo una pequeña apertura para el velocímetro digital. A ambos lados, dos pequeñas pantallas casi rectangulares, con toda la información del ordenador de a bordo una, más el estado del depósito del combustible, y en el otro, la velocidad de marcha engranada en ese momento y flechas que aconsejan pasar de una a otra en función del estado del motor y la velocidad en ese momento. No faltan testigos de elementos como el ángulo muerto, el cambio de carril involuntario, etc. Eso, sí, no es de recibo que a estas alturas de la película haya que meter la mano entre el volante para acceder al botón del trip, que sale del propio cristal que protege el cuadro de mandos. Mal, pero mal, mal.

Nos encanta el pequeño Head Up Display proyectado sobre el parabrisas frente a nosotros. Velocidad y estado del dispositivo de velocidad de crucero adaptativo, entre otras cosas, aparecen justo a la altura de nuestros ojos, y se puede regular para mayor comodidad. Sin duda, un detallazo de coche grande y Premium, no lo olvides.

El volante tiene un tacto fantástico. De aro algo más fino de la media, alberga los botones justos, bien dispuestos y muy funcionales. Nos encanta el acceso al habitáculo sin necesidad de sacar la llave del bolsillo y el arranque por botón.

Foto Mazda CX-3

En cambio, nos gustaría que la pantalla táctil del navegador fuera escamoteable. Si se ocultase en el salpicadero al apagar el coche sería una cosa bárbara, sinceramente. Aún así, tampoco es algo que nos impida comprarnos el coche, ni mucho menos. El salpicadero también denota calidad, y la parte inferior del mismo, en otro color y material, con la fina línea para unir los aireadores, nos encanta. Bravo por el riesgo en el diseño.

La consola central está bien organizada, con tres grandes ruletas para el sistema de climatización, y enseguida nos encontramos con la palanca del cambio, de buen guiado y facilidad de uso. A sus pies, el mando-ruleta y las teclas que controlan las funciones de la pantalla del navegador, que por cierto, es de las más intuitivas y fáciles de controlar del mercado.

Al lado de todo esto, sin embargo, nos encontramos con algunas piezas y uniones de elementos que distan mucho de tener la calidad mínima. Es sorprendente que podamos mover con una mano y sin apenas esfuerzo un par de centímetros la pieza de plástico sobre la que se asienta el cambio, entre ambos asientos. De verdad que la flexibilidad de esta zona es increíble, y para nada ayuda a pensar que la calidad de todo lo que te rodea es buena.

Foto Mazda CX-3

Los asientos, en cambio, tienen tan buena pinta como prácticos y cómodos son en realidad. Nos gusta su diseño, y también su acolchado. También sujetan con cierta coherencia, así que, nada que criticar aquí. El espacio en las plazas traseras no está nada mal para los 4,27 metros de largo. Sin embargo, los 350 litros de maletero sí que se podrían mejorar, y es aquí donde se nota, principalmente, que viene de un Mazda 2 y no de un Mazda 3.

Diseño

En marcha

Motor, acabados y equipamiento

Conclusión

Galería

 

PRUEBA: MAZDA CX-3. Entra por los ojos

Categoría: 4x2CrossoverPortadaPruebasSegmentoSUV
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