Diseño

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Muy bonito. Al césar lo que es del césar. Nadie podrá decir que este coche no le entra por los ojos. Aún los habrá, más por rancio snob que por justicia real, que el Mazda CX-3 le parece demasiado futurista, o con un diseño demasiado ‘tecnologizado’ y carente de alma, de esencia… pero con un movimiento repetitivo de mano se puede espantar fácilmente a esos pájaros de mal agüero y centrarnos en la contemplación de un coche que, sin duda, puede ser considerado obra de arte.

El novedoso Mazda CX-3 aterriza en el epicentro del segmento más en boga de la automoción nacional y mundial. Pocas son ya las marcas que no poseen un SUV-C, o un SUV de tamaño medio, que no deja de ser un compacto con unos pocos centímetros de más de distancia al suelo, para ofrecer una imagen más capaz y aventurera.

Mazda ha hecho un poco de trampa para ofrecer un producto más ventajoso a todos los niveles, ya que si hubiera utilizado la plataforma del Mazda 3, el CX-3 se habría ido de tamaño y de precio sin lugar a dudas, dando lugar a un coche más en la línea del CX-5 que otra cosa. Para ello ha recurrido al segmento B, para coger la plataforma del Mazda 2 y construir a su alrededor este pequeño gran SUV, que podría pasar por un compacto un poco más elevado si no conociéramos el 3 hatchback.

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No hace falta decir a estas alturas que estamos rendidos al diseño del Mazda CX-3, sea lenguaje Kodo, Kara o Kulo –disculpen la licencia. Los rasgos del frontal son alucinantes, con esa gran parrilla con el logo en su parte superior, y esos faros Full LED rasgados y afilados que se unen a ella por una especie de aro cromado polimórfico. La unión de estos elementos le dan un punto felino que nos apasiona. Sin duda los grupos ópticos dotan al CX-3 de una fuerte personalidad, con aspecto de enfado y atrevimiento a partes iguales.

La zaga redunda en esta apreciación. No podemos apartar la mirada de sus pilotos traseros. Rezuman una personalidad atrevida, desafiante, casi rebelde, capaz de casi cualquier cosa. La mezcla del rojo Mazda y el negro de la estrecha luneta trasera, en nuestra unidad, reafirman un conjunto que llama la atención allá dónde va.

La vista lateral encaja en la que sería con lógica un Mazda 3, si tuviera un par de centímetros menos de altura. Mucha chapa, poco cristal, un brochazo negro y sinuoso compuesto por cristal y los pilares B y C en plástico del mismo color, que unen visualmente y de un trazo el coche desde el pilar a, en rojo, hasta la parte inferior de un alerón superior que denota deportividad y poderío.

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Chapeau por las preciosas llantas de 18 pulgadas del acabado Luxury y esos pasos de rueda negros, también acorde con la línea inferior de la carrocería.

Interior y vida a bordo

En marcha

Motor, acabados y equipamiento

Conclusión

Galería

 

PRUEBA: MAZDA CX-3. Entra por los ojos

Categoría: 4x2CrossoverPortadaPruebasSegmentoSUV
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