Interior y vida a bordo

Esto es otra cosa. Probablemente sea el apartado en el que mejores notas saca este ‘estirado cual chicle usado’ FIAT 500. Nada más subirte te das cuenta de que es un monovolumen con todas las de la ley, da igual como se llame o que nombre le hayan puesto. La altura al techo, el espacio en la segunda fila, o el maletero con las dos butacas de servicio traseras tumbadas… es algo que no hace falta ser un entendido para ver y darse cuenta de la realidad en la que estás.

Lo que pasa, es que después de bajarte de un FIAT 500X de nuevo cuño, te das cuenta de que, a nivel de diseño interior, estás al volante de una generación anterior a todas luces… y encima con un potente cambio generacional entre uno y otro. La sorpresa es mayúscula cuando veo un display y un ordenador de a bordo, en 2016, idéntico al que yo tenía en mi FIAT Stilo tres puertas en 2002. Me cuesta aceptar que con 14 años de diferencia, las evoluciones en la marca no se monten y sigamos anclados en el pasado.

Foto FIAT 500L Living

Hecho este primer apunte, el FIAT 500L Living 1.6 Multijet II 120 Lounge 6 velocidades y 7 plazas cumple de manera decente con las necesidades de cualquier familia. Más si cabe si estamos al volante de una unidad con el acabado Lounge, al que no le falta de nada, pero siempre con el sabor clásico ‘retro-moderno’ del FIAT 500 original.

Hay variedad de texturas en tapizados y plásticos. Estos últimos son siempre duros, algunos rugosos, otros lisos en acabado mate. La tapicería es suave y casi sedosa, muy cómoda, pero hay variedad de tonalidades de grises, incluso la primera y la segunda fila de asientos tienes texto, inscripciones en relieve, más que difíciles de leer si te da por ahí. Los reposacabezas no bajan del todo, pero a cambio recogen bien, especialmente la banqueta, con extremos muy altos.

Foto FIAT 500L Living

Al volante, la sensación es un pelín extraña, porque reconoces los mandos de un 500 de los antiguos, pero en marcha lo que llevas detrás no se parece en nada, no sólo en lo estético, sino también en lo puramente físico. Se ha trabajado bien en la suavidad de todos los instrumentos, todo funciona bien, aunque el exceso de plástico duro trivializa un poco todo y le rebaja caché sin conmiseración.

El cuadro de mandos es completito, no hay problema con el orden ni con la legibilidad. El tradicional display con los datos del ordenador de a bordo también es muy completo y no echas nada en falta. El volante multifunción parece que no es redondo, pero creedme que no hay diferencias con los del resto de la marca. Me gusta que el intermitente dé cinco clicks en vez de los tres habituales para terminar de señalizar correctamente la maniobra… aunque si lo haces de manera rápida lo mismo los últimos se eternizan.

Foto FIAT 500L Living

Con el navegador hemos tenido una relación de amor-odio-odio a lo largo de los más de mil kilómetros. A pesar de que es táctil y en este sentido no va nada mal, la pantalla tan pequeña y su zoom tan poco práctico nos ha llevado en algún momento a la desesperación. Ni pone la escala, ni tiene ruleta para activarlo, y llega un momento que no aleja más… hasta el punto de que si el destino está a más de 75 kilómetros… ¡no aparecerá la banderita a cuadros en pantalla!

El salpicadero es muy largo en profundidad hasta que llega al cristal. Hay una salida de aire en el medio del mismo, apuntando al parabrisas. En la parte derecha, se aprovecha para una segunda guantera, refrigerada, detalle muy práctico, ya que la habitual es bastante pequeña. La consola central es extraña, pues tiene como dos niveles, el superior con la pantalla y las salidas de aire, y la inferior, con los mandos de la climatización bizona. Más abajo, otro pequeño hueco, tomas auxiliares y un doble hueco para las bebidas. La palanca del cambio tiene el pomo muy gordo y no facilita, precisamente, las maniobras.

Foto FIAT 500L Living

La segunda fila de asientos se divide en 60/40 y es deslizable unos 10 centímetros, siendo necesario, casi obligatorio, ponerlos lo más adelantado posible si se utilizan las plazas traseras. De los asientos delanteros salen dos pequeñas bandejas de cortesía para los de atrás. El espacio es notable, muy decente para cualquier adulto.

En cuanto a las dos plazas traseras de cortesía, yo más bien diría que es para casos extremos ‘extremistas’. Sólo niños con la estatura mínima o personas de muy corta estatura podrán utilizar excepcionalmente estos asientos. El acceso a estas no es del todo difícil, pues los asientos de la segunda fila se recogen de manera fácil y dejan mucho espacio de entrada y salida. Sin embargo, con estos en su sitio, ir de cuclillas en posición huevo, casi fetal, es el precio a pagar por utilizar esas siete plazas, por lo que queda demostrado que meter siete personas en 4,35 metros es algo que habría que repensar un poco más y mejor.

Foto FIAT 500L Living

Eso sí, el maletero con cinco asientos dispuestos es enorme. ¡638 litros! Con los siete desplegados, la capacidad se reduce a un par de mochilas y muy poco más. Puede valer esta disposición para llevar puntualmente a los compañeros de equipo de tus hijos al partido, o a los vecinitos al cole… pero de verdad que no es apto para nada más. Por cierto que montar estas dos plazas supletorias cuesta 200 euros.

Un último apunte; visibilidad inmejorable. Sólo echamos de menos un pequeño espejo para controlar a la tropa, como el de los taxistas, común en otros monovolúmenes. Paro poco más echamos en falta.

PRUEBA: FIAT 500L LIVING. Estirando el 500

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