DISEÑO

Había escuchado tantas cosas a propósito del Ford Mustang, que no me he quedado tranquilo hasta que lo he probado. Me esperaba muchas cosas y, la verdad, la mayoría no se ha correspondido con la realidad. Siempre se especula, se sueña, se fantasea… y la realidad te azota con el látigo del empirismo hasta dejarte las carnes abiertas.

En 1964 nació un mito, un ‘Muscle Car’ destinado a medirse constantemente con otros de su talla y calibre como el Camaro o el Challenger, con sus grandes y largos capós y sus zagas cortas y rotundas.

Nos ponemos al volante ahora de la sexta generación después de ver diseños realmente horribles, como el de la cuarta generación, que en nada hacía justicia a un mito entre mitos. Como regalo para todos vosotros, hemos viajado a la casa de un coleccionista para demostraros como ha cambiado el Mustang en medio siglo de vida. Junto al Mustang de 1966, nuestro Fastback casi pierde la esencia de un coche de los de verdad, que se reconocen de lejos en cualquier momento.

Foto Ford Mustang

El caballo que le da nombre, el Mustang o Mustango, no deja de ser –hablando del mundo animal- un caballo cimarrón. En el continente americano se habían extinguido hacía cientos de miles de años, pero los conquistadores europeos los volvieron a introducir en la conquista de América, con equinos de raza árabe. Libres en la naturaleza, poseen una gran resistencia y fortaleza y ahora, gracias a Ford, vuelven al sitio donde nacieron en un silogismo histórico-natural que sólo se sostiene con una sonrisa y buena fe.

Igual que, antes de entrar en materia, ya hemos dado un palito a los diseñadores de una de las generaciones anteriores del Mustang, hay que decir que en esta ocasión hay que felicitarles y pagarles unas merecidas vacaciones donde quieran. Es cierto que han desaparecido por completo los faros redondos y que las tres líneas verticales que hacen las veces de pilotos posteriores han sufrido una evolución que a mí, personalmente, me encanta, pero es innegociable que aún es reconocible, independientemente de que repares en el caballito que luce al galope en la rejilla, y eso es lo mínimo que se les debe pedir a los responsables de revitalizar el sueño de muchos millones de conductores a lo largo y ancho del planeta.

El nuevo Ford Mustang parece que está enfadado, que tiene mala leche y no va a dudar en darte un puñetazo si no haces lo que dice. Y en el fondo, al final de estas líneas, te darás cuenta de que es así. Ese capó tan largo, con esas dos protuberancias alargadas, esa parrilla en forma de boca maldiciente y esos faros que a ratos asemejan a los de un escualo, a ratos a los de una serpiente a punto de lanzarse como un relámpago sobre su presa, dibujan un semblante digno de la leyenda del Mustang, pese a que, como puedes ver en algunas fotos, cada vez quedan menos cosas en común con el primero que salió de la cadena de montaje hará en abril 52 años.

Foto Ford Mustang

Más ancho, más bajo, más fiero… la parrilla y los grupos ópticos están muy bien resueltos. En la parte inferior se vuelve hasta anguloso, con más ópticas en la parte inferior, encastradas en plásticos negros que si fueran huecos podrían ayudar a ventilar los frenos delanteros.

La vista lateral es la más cuidadosa con la historia pretérita del modelo, también la zaga, a su manera, pero la línea es lo que hace inconfundible a este Mustang, con el largo capó y la caída del techo hacia atrás, sin prisa pero sin pausa, y un tercer cuerpo que cada vez está más disimulado según pasan los años, pero aún mantiene ese respingo final hacia arriba. La hendidura lateral a la altura de la maneta de las puertas es una nueva huella atemporal que tiene su continuación interrumpida por los voluminosos pasos de rueda traseros en la misma tapa del depósito de combustible. Inteligente.

Atrás, un plástico negro piano encastra el caballo al galope, siempre presente, en la zona central, y los grupos ópticos en los extremos, tres barras de plástico transparente que esconden luces rojas y ámbar, según proceda. Una solución original y muy atractiva.  Más abajo aún, una pieza que nos recuerda a la del Toyota GT-86 y Subaru BRZ, que engloba las luces de marcha atrás y una roja central. El difusor inferior que lo rodea, del mismo color de la carrocería, es precioso, y precede a los tubos de escape pareados en los extremos que termina de conformar un coche que respira deportividad y fuerza bruta mires por donde mires. No puedo dejar de comentar la tercera luz de freno, en el techo, en lo alto de la luneta trasera, y unas llantas negras de cinco radios dobles de 19 pulgadas que están a la altura, sino más arriba, de un conjunto robusto y serio como pocos hemos visto hasta ahora.

Foto Ford Mustang

PRUEBA: FORD MUSTANG. Icono descafeinado

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