El elegido es la versión xDrive30d del nuevo BMW X5.

El fabricante sueco encarga un estudio de evaluación del SUV alemán antes de que las primeras unidades del nuevo XC90 lleguen a los concesionarios, un ejercicio de ingeniería inversa en su estado más puro.

La ingeniería inversa estudia o analiza un producto ya disponible en el mercado, con el fin de conocer detalles de su diseño, construcción y funcionamiento. En el sector de la automoción, todos los fabricantes de automóviles utilizan la ingeniería inversa como una forma de producir una versión mejorada de un producto y no con el objetivo de producir una copia.

En definitiva, es perfectamente legal y no es solo una excelente herramienta para la innovación, sino también una efectiva estrategia de enseñanza para adquirir las competencias de diseño e innovación requeridas en la formación de ingenieros.

Y, Volvo ha sido sorprendida realizando un análisis sobre la versión xDrive30d del nuevo BMW X5, tomando a éste como referencia para el nuevo XC90, una segunda generación de su buque insignia que promete un nuevo estándar de calidad. Esto es precisamente lo que una especialista sueca en auditoría sobre automóviles está realizando, un puro ejercicio de ingeniería inversa para lograr que el nuevo SUV sueco supere al que, para esta marca, es el rey de los SUVs.

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Volvo estudia a la competencia para mejorar el XC90

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