En la consola encontramos el mando “DNA” que ajusta diferentes parámetros de motor, dirección, diferencial y respuesta del acelerador en tres programas prefijados. Es un mando que está situado en una zona idónea, porque es un elemento que deberíamos poder activar en contadas ocasiones. El selector del cambio está acabado en una bola de metal, que en invierno está demasiado fría y en verano, si le da el sol, hará de la conducción algo cercano a la heroicidad rayando en la locura al proporcionarnos una bonita quemadura. Los pomos metálicos son un sinsentido que van en contra de las más elementales normas de confort de un vehículo de calle. Lo mismo no han caído en la cuenta que en los vehículos que suelen llevar este tipo de pomos se suelen conducir con guantes.

Existen varios huecos repartidos por el interior del habitáculo que contribuyen a dar mayor capacidad de almacenaje. No son muchos, pero están bien repartidos. Tenemos uno en la consola junto al mando DNA, otros dos huecos para bebidas y otros objetos detrás del freno de mano con un cenicero extraíble con mucho diseño fabricado en metal y plástico, y un hueco mayor debajo del reposabrazos y otro en el propio reposabrazos cubierto con la tapa. El hueco que más nos ha gustado, por capacidad, es la guantera. En las puertas los huecos son demasiado exiguos.

En marcha este vehículo da lo mejor de sí. Este es el típico coche para ser conducido, no para dejarse conducir. Es un coche donde la parte ciclo da la sensación de dureza, con una suspensión dura en compresión, con una dirección de asistencia dura ya en el modo normal. Es todo lo que uno espera de un coche de corte tan prestacional como este. El 1.4 turbo con la afamada y premiada distribución multiair es un prodigio de prestaciones. Con una entrega de potencia lineal desde 1500 rpm hasta prácticamente el corte de inyección lo hace ideal para cualquier circunstancia de tráfico y cualquier vía de circulación. Y si no nos satisface el modo N de normal o el A de all-weather siempre nos quedará el modo D. De dinámico. En la pantalla del ordenador aparecer una escala con la palabra turbo y una bandera a cuadros, en la pantalla del navegador aparece la misma escala junto a otra que pone “power”, toda una declaración de intenciones. Entonces es cuando el motor se transforma claramente, dándonos todo lo anterior, pero a lo bestia. Cambia hasta el sonido del motor. Se reduce la asistencia de la dirección (quizás excesivamente), se activa el diferencial electrónico, se activa el modo overboost y la respuesta del acelerador se hace más inmediata. El resultado es un vehículo sumamente divertido de conducir, con unas prestaciones más que suficientes para la capacidad de conducción del 90% de los mortales. Pero una cosa es lo bien que va el motor y otra cosa es el comportamiento dinámico del vehículo. Para una conducción normal, incluso si queremos ir rápido sin descontrolarnos, es un coche que va por donde le guiemos. Pero si queremos buscarle las cosquillas, es posible que nos llevemos algún susto, porque cerca de los límites, tiene reacciones demasiado bruscas que a más de uno le puede poner en aprietos.

En marcha normal es un motor que no consume en exceso, nos parece casi el mejor en este sentido. En nuestro circuito habitual, con carretera de montaña, vías interurbanas, autovías y recorrido urbano nos ha dado un consumo medio de 7,8 litros, incluido recorridos buscando las cosquillas del propulsor. No es un dato nada malo teniendo en cuenta el tipo de vehículo que es. En condiciones de utilización acordes a la filosofía del vehículo, este coche presenta muy buenas cifras de consumo.

Como conclusión, tengo que reconocer que este coche me ha gustado mucho por lo divertido que puede llegar a ser, por lo bien acabado que está y por el diseño que destila por los cuatro costados. Es curioso lo bien valorado que está el diseño de Alfa Romeo, tanto en nuestro país como en otros y la poca relación que guarda esta pasión con las cifras de ventas, sobre todo en nuestro país. No debería ser un objeto de deseo porque salvo el diseño, particular de cada marca y que afecta tanto al gusto de cada usuario, no tiene más argumentos que otras de similares prestaciones y calidades para estar tan por encima de estos en precio. Quizás habría que ajustar un poco el precio para que, además de un vehículo admirado, fuera un vehículo mucho más vendido.

Prueba: Alfa Romeo Giulietta 1.4 MultiAir 170 CV

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