Mini-Cooper S

Lograr tracción en nieve y hielo siempre ha sido el mayor reto de los participantes en el Monte-Carlo. Curiosamente, las mayores gestas conseguidas durante los años ’50 y ’60 las lograron vehículos poco potentes, pero dotados de tracción delantera, como los Citroën DS… o los Mini-Cooper. Cuando British Motor Corporation encargó al equipo de Fórmula 1 de John Cooper el desarrollo de su Mini para competición, nunca pensó que llegarían a ser ganadores absolutos de rallyes. Y así fue: con el motor de 1.070 cc y apenas 90 CV, pero magnífica motricidad en suelo helado, los rojos Mini-Cooper consiguieron la victoria en Monte-Carlo en 1964 gracias al ídolo local «Paddy» Hopkirk. Al año siguiente fue el endiablado pilotos nórdico Makinen (que perfeccionó la técnica de frenar con el pie izquierdo mientras aceleraba a fondo con el derecho) quien sumó la segunda victoria, contando ya con el motor de 1.300 cc (que tampoco suponía mucha más potencia). Una vez más, la gran cantidad de nieve les había beneficiado. Y en 1966, el triunfo de los Mini-Cooper S fue aún más flagrante. ¿Había realmente trampa o la organización quería beneficiar a Citroën? Lo cierto es que los Mini y un Ford fueron excluidos ¡por las bombillas ilegales de sus faros! Triunfador moral, pero no legal en 1966, Mini volvió en 1967 a por su tercera victoria… y esta vez nadie se la pudo quitar al finlandés Aaltonen. El triunfo de David contra Goliat.
Fuente: Newspress

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Categoría: Galería de motor
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