Moto Guzzi presume de ser una marca de motos diferente. Y por eso ha sacado toda su gama a la calle, para que la prensa especializada disfrutemos de lo último que ha puesto en el mercado la marca italiana.

Desde hace casi cien años, Moto Guzzi fue fundada en Mandello del Lario en 1921, la firma transalpina luce palmito por las carreteras de casi todo el planeta. Seguro que cuando Carlo Guzzi y Giorgio Parodi, pilotos de aviación que compartieron escuadrón, pensaron en esta deliciosa aventura, no pensaban en su longevidad y en la historia que estaban cimentando.

Desde 2004 bajo el paraguas del Grupo Piaggio, Moto Guzzi ha encontrado la tranquilidad y la coherencia para buscar su sitio en el proceloso mundo de las dos ruedas. Ahora es capaz de lucir músculo, y para ello el departamento de prensa de la marca pone a nuestra disposición toda su gama para que durante un día podamos apreciar todo su saber hacer.

Con estos mimbres, y un catálogo del que se puede sentir orgullosa, Moto Guzzi ha organizado una jornada en la que las curvas de la Sierra Norte de Madrid han sido las protagonistas, junto a las MGX-21, V7 III Racer, California 1400 Touring y las V9 Bobber y Roamer, por citar solo algunas.

La primera moto que elegimos para afrontar la carretera de Colmenar y llegar a lo alto de Navacerrada es la Guzzi V9 Roamer, de un color blanco tan clásico como su aspecto. Una moto que por 8.999 euros recoge la herencia de la Nevada 750 y ofrece con su clásico bicilindrico en V a 90 grados de 853 centímetros cúbicos 55 caballos de potencia a 6.250 rpm.

Ligera, cómoda, asequible, con una estética muy cuidada, lo tiene todo para triunfar en el proceloso mundo de las custom. Manillar un poco alto, una sola esfera de información analógica con el cuentakilómetros, numerosos testigos y un pequeño display con algo más de lo imprescindible, llanta de 19 pulgadas delantera y 16 pulgadas atrás… el generoso asiento a 775 milímetros del suelo garantiza un buen manejo en parado para casi cualquier talla.

Comenzamos la marcha. Nula protección aerodinámica, es así, pero ligereza y una potencia más que suficiente para los menos de 200 kilos de peso, hacen que en la ciudad sólo el calor, en verano, pueda suponer un pequeño pero a un funcionamiento notable.

Salimos a carretera abierta camino de las curvas de la sierra y comprobamos que hay vibraciones, pero para nada son molestas. Se centran más en la zona del motor que en los puños, donde los extremos hacen su función.

El tráfico, siempre presente en Navacerrada, nos impide ligar más de tres o cuatro curvas a una velocidad ‘digna’, pero notas que la ligereza es un valor seguro en la V9 Roamer. No va mal de frenos –aunque se pueden mejorar- y cuando le das al puño disponemos de caballos casi a cualquier régimen para ganar velocidad con decisión.

Sin embargo, el paso de los kilómetros cansa un poco nuestros brazos y espalda, debido a lo elevado del manillar. También las bajadas de marcha van acompañadas con sonidos quizá exagerados y la sensación también es pulible.

Los retrovisores están situados estupendamente, no vibran, y no pierdes detalle de lo que sucede detrás de ti. También el calor que desprende el motor poco a poco acaba por afecgtar a pies y piernas. Los 35 grados del día han castigado un poco a este nivel.

Las curvas se suceden hasta llegar al aparcamiento de Navacerrada. La sensación es buena. Priman la manejabilidad y la ligereza por encima de todo. Es fácil enlazar curvas con decisión, aunque el asfalto del puerto es francamente mejorable y no ayude a tumbar con toda la seguridad del mundo.

Por cierto, nos gusta el parpadeo del testigo rojo cuando se acerca el momento de cambiar de marcha. Difícil acertar con el punto muerto, al menos en la unidad que cabalgamos, de un precioso color blanco.

Tenemos por delante el Puerto de Cotos y el de Navafría antes de llegar a Torrecaballeros, en Segovia, donde llenaremos el estómago. Nadie me quita para este terreno de casi infinitas curvas el placer de subirme a la Guzzi V7 III Racer.

Decir bonita, muy bonita, es quedarse corto. Muy corto. Es preciosa. Sin tapujos ni eufemismos.

Para los que no conozcan esta maravilla made in Italia, decir que monta un motor de 744 centímetros cúbicos que ofrece 52 caballos a 6.200 rpm. Refrigerada por aire, luce con orgullo un basculante fundido en aleación ligera con dos amortiguadores regulables Ohlins. Disco flotante de 320 mm delante, 260 mm detrás, su aspecto retro racer te teletransporta a los años 60 sin dificultad.

Todo esto está muy bien, pero la tercera generación, que sirve para celebrar los 50 años de la V7, ha puesto el listón del ‘retro power’ realmente alto. De fama mundial, la V7 Racer es una moto legendaria, la niña mimada de la marca y con razón.

Aunque la Stone y la Special son singulares, la Racer es la joya de la corona pese a quien le pese, y con ella afrontamos casi un centenar de kilómetros, casi todos ellos con curvas de todo tipo.

La posición es exigente. Pero sarna con gusto no pica. Es cierto que tiene el manillar muy bajo, que la protección apenas existe, y que el asiento no es el más cómodo del mundo… pero cuando te acoplas a la máquina y das gas… todo se olvida. Y es normal.

Venimos de la Guzzi V9, y esta V7 III Racer nos convence aún más. La notamos mucho más fina, con un chasis que permite exigir un poco más en frenadas y aceleraciones, el paso por curva, con el centro de gravedad muy abajo, es increíble, y todas las curvas del mundo parecen pocas cuando estás encima de esta Racer.

Nos encanta su instrumentación con dos esferas, analógicas, con los correspondientes testigos y pequeña pantalla digital con mucha y buena información. Como en la V9, siempre podemos ver la marcha engranada, y se nos antoja fundamental en determinados momentos.

Las curvas se suceden… y no quieres que se acaben. El asfalto en Cotos está muy agrietado, y las últimas lluvias han dejado el firme de Navafría con bastantes trampas de arena, pero no son razones suficientes para cortar gas. La experiencia de afrontar estos dos puertos con la Guzzi V7 III Racer es de esas que no se olvidan.

Y es que esta Guzzi deja meridianamente claro que no hace falta llevar un pepino deportivo de ciento y muchísimos caballos para disfrutar de la carretera y de las curvas. Cada vez abrimos gas antes, frenamos más tarde, notamos un paso de curva casi eléctrico. Aunque eso sí, de nuevo las reducciones de marcha te pegan una sacudida importante al cuerpo.

Llegamos al destino, y es entonces cuando nos damos cuenta que, durante el camino, notábamos cierta vibración en la zona de las pantorrillas, derivadas del propulsor, pero es cuando nos bajamos que descubrimos un pequeño hormigueo en las manos. A tener en cuenta.

En cualquier caso, su precio, 11.999 euros, no es excusa para poder disfrutarla, vivirla. Por supuesto, imprescindible el color rojo competición para el chasis. Respeto al que no le guste pero, por supuesto, no lo comparto.

Sin tiempo para poder probar más Guzzi diferentes, nos quedamos con las ganas de echar mano a alguna de las 1.400 cc. La California 1400 Touring es la más liviana y manejable de las tres opciones presentes, pero la MGX-21 se lleva el protagonismo indiscutible en forma de fotos y comentarios.

Y es que ‘la moto de Batman’, como se la bautizó de modo unánime por todos los presentes, hace honor a su sobrenombre con unas formas impresionantes, y unos toques de rojo sobre el negro dominante que, a buen seguro, ofrece unas sensaciones realmente espectaculares. Sin duda, pocas Cruiser tan impactantes como la de Mandello del Lario. 26.592 euros tienen la culpa…

Esperamos que no pase mucho tiempo antes de que puedas ver una de estas Guzzi 1.400 por aquí…

Óscar González Soria – oscargonzalez@revistadelmotor.es

Twitter: @oscarglezsoria

Instagram: andreaenzo

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Categoría: MotosPruebas de motos
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