Interior y vida a bordo

Vamos con el habitáculo. Eres consciente de que el coche es para lo que es, pero con lo que cuesta el Mercedes-Benz Clase G, aunque sea el menos potente de todos el que aquí probamos, esperas algo más de sofisticación. En verdad que cuenta con un montón de historias, pero también te das cuenta de que el tiempo ha pasado muy lentamente en su evolución.

De primeras percibes el aire de la marca. Muchos elementos los has visto ya en otros coches de la estrella, sean SUV, todoterrenos o cualquier otro. Y te das cuenta de que algunos hacía tiempo que los habías dejado de ver, pues dejaron paso en sus hermanos a evoluciones más modernas y trabajadas.

Pero aquí también se busca la duración, la fiabilidad, la garantía de que va a durar toda la vida… y quizá por eso hay cosas que no entenderías en ningún otro Mercedes-Benz. Por ejemplo, cada vez es más extraño ver una consola central con tres millones de botones. Se tiende al minimalismo, a lo estético, a trabajar con una ruleta y una pantalla táctil… pero aquí hay medio centenar de teclas sin exagerar un pelo.

También el volante, con pequeñas levas, es de la anterior generación. Y el cuadro de mandos. No vamos a criticar nada, porque en el exterior es todo tan del siglo pasado que una sola generación de diferencia se hace mucho más entendible. También el cuadro de mandos lo hemos visto hasta hace pocos años en modelos de la marca de Stuttgart.

Sorprende mucho ver un freno de mano con palanca tradicional y, tratándose de Mercedes-Benz-Benz, alucinamos un poco al ver una palanca del cambio automático tradicional, en vez de la tradicional anclada a la columna de dirección del volante. Obviamente, la especificación de este monstruo todoterreno requiere otro tipo de soluciones.

Tres grandes teclas plateadas presiden la consola central. Los grafismos auguran un uso eminentemente campero, cosa que veremos en el siguiente apartado. Ojo a estas tres teclas, grandes, diferenciadas, en un sitio de fácil acceso y uso, porque van a ser fundamentales cuando el barro nos llegue a las orejas.

Así, carecemos de sensor que nos franquee la puerta, hay que apretar el botón de la llave e introducir ésta en la cerradura para el contacto. También apreciamos que han solucionado el tema del navegador colocando la pantalla que hemos conocido en el primer Clase A, por ejemplo. Sorprende más ver la ausencia de pantallas analógicas para marcar la situación espacial del Clase G.

Entre los extras, que suman un buen puñado de miles de euros a la factura final, tenemos tapicería de cuero rojo microperforado, asientos con calefacción, ventilación, memoria y unos reglajes muy peculiares en los laterales, para actuar sobre apoyos lumbares, laterales, etc.

Por supuesto, no pasa desapercibida la gran asa delante del copiloto, encima de una pequeña guantera. Más que necesaria si vas a utilizar el Mercedes-Benz Clase G en el escenario para el que fue diseñado a finales de los años 70. Y no os perdáis el reposabebidas a la altura de la rodilla izquierda del acompañante. ¡Parece un atrapasueños!

La segunda línea de asientos es bastante discreta. Se puede abatir hacia adelante, dejando un espacio de hasta dos mil litros de capacidad para cualquier tipo de carga. Pero a pesar del cuero y de los asientos calefactados, es bastante simple todo. Hasta el punto de que no se pueden bajar los cabeceros, que molestan un montón en cuanto a visibilidad trasera. Directamente tienes que desencajarlos para quitarlos.

El maletero de este Clase G, por cierto, cubica 487 litros –se dice una cantidad menor, errónea, en el vídeo-, aunque la impresión que da es de poder meter a una familia entera por muy numerosa que sea.

Visto el habitáculo en perspectiva, tiene ese sabor añejo ‘old school’, como esos pisos enormes antiguos en las grandes capitales, que ves que hay materiales caros, que se han dejado una pasta en cada rincón, pero que ya hay cosas más modernas y mucho mejores que no son tan ostentosas y que incluso seguro que funcionan mejor. ¿Rancio abolengo? ¡Puede!

Diseño

En marcha

Motor, acabados y equipamiento

Conclusión

Galería

 

PRUEBA: MERCEDES-BENZ CLASE G. Otra historia

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