En marcha

En materia de dinámica, los dos pequeños propulsores de gasolina del i10 condicionan un coche que, esclavo de la corta longitud, 3,66 metros, también se beneficia de un peso que no llega a la tonelada, quedando en torno a 930 y 960 kilos de peso, en función del propulsor y el cambio que monten, amén del equipamiento.

En cualquier paso, el entorno de uso del Hyundai i10 es, eminentemente, urbano, por lo que mucho de lo que se hable en este apartado irá encaminado a su uso en este lugar. No es lo mismo, aunque sí parecido, que la ciudad sea Madrid, o Toledo, cada una en un extremo de tamaño y circulación, pero todo valdrá para unas y otras.

Lo que no nos entusiasma mucho es comprobar que un coche eminentemente ciudadano no lleve el sistema de parada y arranque automático del motor en cada detención. Acostumbrados a este sistema, cada stop y cada semáforo acaba siendo una sangría de gotas de combustible que podríamos ahorrar.

A pesar de ello, en el tema del consumo, estamos bastante satisfechos con el motor 1.2 de 87 caballos que corresponde a nuestra unidad. Un poco menos de seis litros de media nos parecen más que coherentes teniendo en cuenta las características del pequeño Hyundai.

En la ciudad, obviamente, es donde el i10 se encuentra a sus anchas. Gira en poquísimo espacio, sus marchas cortas logran que acelere con brío partiendo de parado o a poca velocidad, y es realmente ágil. La dirección es suave y precisa, las amortiguaciones son permisivas sin caer en la exageración… todo encaja en este escenario.

Sin embargo, cuando nos alejamos del entorno, descubrimos detalles que nos entusiasman menos. No es que no esté capacitado para viajar, pero sí que notamos cosas que no terminan de encajar, como una rumorosidad notable o, sin ir más lejos, notar que el escalonado de las marchas es tan corto, que fácilmente podemos meter quinta a 50 km/hora y tener que tirar ya con esta marcha por los siglos de los siglos.

Aún así, hemos hecho la prueba de acercarnos a la vecina Toledo, desde Madrid, y el viaje de algo menos de una hora no ha deparado mayor problema, bajando un poco la media de consumo, siempre y cuando no nos situemos, perennemente, en el límite legal de autopistas y autovías, donde el esfuerzo de la mecánica sube el consumo de manera también notable.

Pocas zonas de curvas hemos hecho, salta a la vista que este pequeño utilitario poco o nada tiene que ver con la deportividad. Partiendo de la base de que con casi todo que lleve motor y cuatro ruedas se puede correr, poco más se puede hacer con una batalla tan corta en zonas reviradas. No nos volvamos locos.

Sin embargo, no podemos acabar este epígrafe sin hablar temas que no son baladí, como el de la seguridad, y es que el Hyundai i10 posee todo lo que hasta ahora se ha incluido en el segmento A en esta materia.

Así, en cuanto a seguridad activa, incluye el Sistema de advertencia de colisión frontal (FCWS),  Sistema de alerta de cambio de carril (LDWS), Sistema de control de crucero con limitador de velocidad, Sistema de monitorización de presión de los neumáticos (TPMS), Señal de parada de emergencia (ESS), Control electrónico de estabilidad (ESP) y Control de asistencia al arranque en pendiente (HAC).

Sin duda, muchos ‘Segmento B’ firmarían llevar de serie en los acabados inferiores tantos elementos de seguridad.

Diseño

Interior y vida a bordo

Motor, acabados y equipamiento

Conclusión

Galería

PRUEBA: HYUNDAI i10. Pequeño y práctico

Categoría: CompactoPortadaPruebasSegmentoUrbanoUtilitario
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