Interior y vida a bordo

El Nissan Micra que hemos probado durante una semana tiene un habitáculo espectacular, como corresponde al acabado más alto de los cuatro que puede presentar el nuevo ‘B’ de la marca. El acabado Tekna es el más completo, pero además, nuestra unidad cuenta con tapicería de cuero bicolor, rojo y negro, a cambio de unos 1.400 euros más y, sinceramente, parece un coche de una categoría superior a todos los niveles.

Lo que vemos ahora en el Micra de quinta generación no se parece en nada al anterior. Sólo algunos pequeños detalles, como el display central en el cuadro de mandos o el navegador, permanecen. Volante, tomas de aire, consola central, salpicadero… todo es nuevo, y nos encanta todo lo que vemos, tanto por percepción visual como táctil. Bravo por el pequeño Nissan y sus creadores.

Nos encanta el nuevo volante. Fino, de cuero bien acabado, multifunción con un sinfín de botones, quizá alguno muy pequeño, pero todos muy ordenados y coherentes. Está achatado en su parte inferior, un toque deportivo que, sin duda, no obedece a la potencia del motor que le impulsa, pues es un pequeño tres cilindros que no llega a 900 centímetros cúbicos.

Detrás del volante, un cuadro de mandos más tradicional, con dos grandes esferas analógicas y el espacio entre ambas destinado a un pequeño gran display para poder ver toda la información del ordenador de a bordo, ayudas a la conducción, y demás. Sin estridencias, todo muy clarito y visible.

El salpicadero tiene unas formas muy agradables, bien proporcionadas, y los materiales rezuman mucha más calidad, sinceramente, de la esperada. La consola central es casi minimalista, se reduce a dos tomas de aire trapezoidales sobre la pantalla táctil del navegador, un pequeño módulo horizontal para los mandos de la climatización y salvando un gran hueco con conexiones USB y de mechero, la palanca del cambio.

Entre los asientos no hay reposabrazos, pero sí distintos huecos para vaciar bolsillos y posar bebidas. Las butacas delanteras tienen un mullido más firme de lo que habíamos pensado, pero terminas por encontrar una postura cómoda de conducción. En nuestra unidad, increíble ‘delicatessen’ con dos pequeños altavoces Bose situados en el cabecero del asiento del conductor. Brutal.

Las plazas traseras son bastante coherentes para ser un ‘cuatro metros’. Francamente, no está nada mal de espacio en esta segunda línea de asientos. Como suele ser habitual, el túnel de transmisión central resta un poco de espacio a la plaza centra posterior, pero no tanto como en otros coches.

Muchos ponen el grito en el cielo al ver que los elevalunas traseros son manuales. Puede ser censurable cuando detrás viajen niños con cierta edad y les dé por fastidiar a los papás abriendo y bajando las ventanillas a su antojo sin que delante se pueda hacer nada, pero salvo en ese caso concreto, yo no lo veo mal. Los adultos en esas plazas no tienen otra cosa que hacer, así que no pasa nada por darle a la manivela. Sinceramente, yo no lo veo tan terrible.

Los 300 litros de capacidad del maletero son fantásticos. Lo peor del asunto es que el bordo está un poco alto con respecto a lo profundo de la cavidad, con lo que hay que medir bien los esfuerzos. Si reclinamos los respaldos de los asientos traseros, dispondremos de un poco más de mil litros de capacidad para transportar lo que se nos ocurra.

Diseño

En marcha

Motor, acabados y equipamiento

Conclusión

Galería

PRUEBA NISSAN MICRA. Reinventarse o morir

Categoría: PortadaPruebasSegmentoUrbanoUtilitario
0

Únete a la discusión

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *