Guadalupe Araoz, la motera argentina que recorre el mundo en moto

Tras haber completado sus viajes a lo largo y ancho del continente americano, esta motera argentina ya piensa en su próximo destino, que le llevará a recorrer los paisajes de África.

Guadalupe Araoz, una argentina que tenía un buen trabajo como economista pero que decidió dejarlo todo en virtud de viajar. Apasionada de la escritura y la fotografía que le ha servido para crearse un blog en el que documenta todos sus viajes y que lleva por nombre Hasta Pronto Catalina. La razon de ese nombre, su gata de Buenos Aires.

Revistadelmotor.es: Guadalupe, háblame un poco de tí misma, tus aficiones y sobre todo, ¿de dónde surge la idea de querer recorrer el mundo en moto?

Guadalupe Araoz: Siempre escribí, aunque comencé con la poesía, siempre leí y siempre me gustó la fotografía. También, sin darme cuenta, cuando me fui a vivir sola a los 18 años, mi vida comenzó a girar en torno a los viajes y las vacaciones: estuve un año comiendo barato para ahorrar para el viaje a Cuba de mochilera, en las negociaciones de trabajo siempre pedía que me dieran un mes de vacaciones incluso cuando significaba menos paga.

Hace cuatro años renuncié a mi trabajo en el mercado de capitales internacional para dedicarme a viajar por el mundo escribiendo en mi blog y para revistas de viaje. Durante el primer viaje largo recorrí China, Malasia, Tailandia, Singapur, Brunei, varias islas de Indonesia, la isla de Borneo, Hong Kong, Vietnam y Camboya. Luego de un año en Asia, tuve un accidente que me llevó de vuelta a Buenos Aires. A partir de ahí comencé a escribir para revistas de viajes y armarme una cartera de clientes además de mi blog y mi canal de Youtube.

Después de dos cirugías de hombro (una en Camboya y otra en Buenos Aires), volví a salir con fuerza renovada y patrocinadores para realizar un nuevo proyecto: recorrer todos los países del mundo en motocicleta. Durante 2015 y 2016 rodé por todos los países continentales de Sudamérica, Centroamérica y Norteamérica, incluyendo Ushuaia y Alaska. Actualmente me encuentro en España. Acabo de comprar una Honda NX250 muy barata y en agosto comenzaré un viaje de dos o tres años por África. El primer tramo será de Marruecos a Sudáfrica. ¿El presupuesto? 280 euros al mes. Como en los mercados, acampo, utilizo la plataforma de Couchsurfing (una empresa que ofrece alojamiento) y voy viajando lento para seguir el presupuesto.

RM: Esta claro que para hacer un viaje de tal calado, las motos te tienen que gustar mucho. ¿Dónde surge y por qué ese amor por las motos?

GA: Mi amor por ellas comenzó lentamente. La moto era una forma de trasladarme, de sentirme libre y de apaciguar el calor. Una tarde que estaba rodando por la carretera de Hoi An (Vietnam), junto al mar, sentí el viento en la cara y me dije “quiero hacer esto el resto de mi vida: escribir, viajar y montar en moto”. Debería haberle agregado “en verano”, pero aún no sabía lo duro que era conducir con algunos grados bajo cero. Comencé en Indonesia. Me rompí un pie y como después de la recuperación aún se me hinchaba, una amiga de allí me preguntó por qué no alquilaba una moto.

Los alquileres de Scooters 125 rondan los 2-3 euros si sabes negociar. Lo pensé pero no me animaba porque con la bicicleta era muy torpe y creía que sería similar. Cuando llegué a Bali no me gustó la ciudad y el transporte era escaso así que decidí probar. Recuerdo que lo cité en un McDonalds. Cuando se fue el dueño, le pregunté a un hombre en moto cómo se encendía, cómo utilizar las luces y cómo echar gasolina. Ese día salí a recorrer la isla por una semana y acabé dando toda la vuelta. A partir de allí comencé a alquilar siempre moto porque me daba libertad y era más barato.

El accidente de Asia no aminoró esas ganas sino que las intensificó. Mi padre me explicó que existen trajes con protecciones, defensas y formas de evitar que los golpes sean tan graves. Comencé a aprender en ruta cuando salí rumbo a Ushuaia. No sabía casi nada sobre mecánica y menos sobre conducir con vientos intensos. Aprendí ambas. Creo que cuando uno sale en moto tiene que tomar precauciones y ser consciente de que en la moto puedes matarte fácilmente. Está en cada uno sopesar si vale la pena. A mí sí que me vale: la libertad, el olor a verano y el viento en la cara mientras mueves las caderas por las curvas vale la pena.

RM: Cuéntama acerca de la nueva moto que has comprado para tu viaje al continente africano. ¿Qué modificaciones le has hecho para adaptarla a un trayecto de ese calado?

GA: Hice América en una Honda XR125L pero enviarla a Europa era muy caro por lo que decidí comprar otra moto en España para luego encarar África. Mi presupuesto era de mil euros y, con la ayuda de motoristas españoles, encontré por ese precio una Honda NX250 con tan solo 11.000 km y en muy buen estado. Le hicieron una revisión mecánica, cambio de batería, cubre cárter armado en el taller, defensas delanteras y anclajes a medida. También le agregamos cubre puños con armazón metálico y un conector eléctrico que me permite cargar mis dispositivos electrónicos. Además llevaré depósito de gasolina y también al menos cinco litros de agua potable conmigo. No tengo un GPS pero en el continente americano usé PPS (pare, pregunte y siga) y funcionó muy bien.

RM: Teniendo en cuenta que has tenido la oportunidad y el privilegio de estar en multitud de localizaciones a lo largo y ancho del globo, ¿qué lugar ha sido el más especial? ¿Y el que menos? Seguro que tienes muchas anéctodas que contar.

GA: Creo que no es que un lugar sea especial o no, sino lo que a uno le pasa en él. Es muy personal y subjetivo e incluso al volver uno puede cambiar de opinión porque le pasó algo diferente. Por ejemplo, decidí cruzar Perú por la costa porque hacía mucho frío por la noche en la montaña y no tenía un buen equipo de camping. No entré bien al país y no me sentí a gusto. Un montón de camiones vinieron de frente por mi carril sin apartarse y obligándome a salirme de la vía para evitar un accidente, uno casi me tira a un precipicio por adelantar en una curva y encontrarse que venía un coche de frente y un tuc tuc (mototaxi) me tocó  a propósito para ver si podía sacarme dinero.

Por suerte mucha gente vio que fue culpa de él y me ayudó. Terminé lastimada pero aún podía andar así que decidí cruzar Perú lo más rápido posible. En cuanto pisé Ecuador suspiré. Pero tuvo que ver con las experiencias en ruta más que nada porque ni bien me bajaba de la moto la gente era amorosa y me ayudaban con lo que necesitara.

Hay varios lugares que me parecen especiales por distintas razones: Bolivia, Colombia, Indonesia, China, Estados Unidos… Alaska también está en la lista. Más que una provincia de Estados Unidos parece un continente a parte. Muchos se mudan allí para aislarse del resto del mundo que está “patas para arriba” según ellos, y también para tener contacto con la naturaleza. Las historias de los lugareños suelen comenzar con un alce corriendo al lado de su casa y terminar con un oso Grizzly corriendo sobre las flores del jardín. Hay muchos animales enormes junto a la carretera, extensiones enormes de bosques, glaciares, cascadas y montañas con vistas paradisiacas que se pueden alcanzar con un trekking de un día. Alaska es mucho más salvaje que cualquier otro estado.

RM: Eres Argentina, ¿se apoyan este tipo de iniciativas allí? ¿La gente se muestra hospitalaria en los lugares que visitas?

GA: Latinoamérica es muy hospitalaria en general y Argentina no es la excepción. Hay que hacer un esfuerzo grande si uno quiere estar solo y no quedarse en casa de motociclistas porque te invitan, te presentan sus familias y a sus amigos, y siempre intentan ayudar ya sea con reparación mecánica gratuita, un litro de aceite o una comida. En Argentina los motoristas saben en general lo que es estar a la intemperie, acampar, llegar de un largo día de off road y tener bajo presupuesto.

La gente que no es del mundo de las motos también es muy hospitalaria y se muestra curiosa al ver que voy sola. En el sur, un día de mucho frío fui a una comisaría a preguntar si podía acampar debajo del techo de su patio trasero porque tenía bronquitis e iba a llover. Me atendió una señora que me terminó llevando a su casa para que no me quedasa sola y me hizo pizzas caseras que comimos junto a sus nietos. Dormí en su sofá no sin antes escuchar las historias sobre otros viajeros que pasaron por esa misma casa. Cuando se está enfermo, una casa caliente y el descanso en un colchón se agradece muchísimo.

RM: En cuanto al género, ¿el hecho de ser mujer te hace pasar por dificultades adicionales que un hombre no sufriría?

GA: Ser mujer tiene dificultades y ventajas. Por un lado físicamente me cuesta más a la hora de levantar la moto con todo el peso que llevo y también soportar el frío (tiendo a la hipotermia fácilmente y supongo que es porque peso 46 kilos). Otra dificultad reside en que, si bien la mayor parte de la gente es buena, estás más expuesta porque pareces más débil y en cierto punto lo eres. Al ser pequeña soy un blanco fácil para los ladrones por lo que llevo gas pimienta y estoy siempre a la defensiva mientras circulo.

También me cuido mucho con la vestimenta y los modales para que no haya “malinterpretaciones” y aún así alguna vez he tenido que enojarme para que entendieran que no es no. Además cuando viajas en determinados países los hombres no te quieren hablar y tienes que ir completamente cubierta por más que hagan cuarenta grados. Por otro lado, la gente tiende a querer cuidarte un poco más y darte recomendaciones de todo tipo en cuanto a la seguridad. En Latinoamérica, que hay mucha disparidad en cuanto al trato de géneros, le puse colitas rosas al casco para que me respetaran más en la ruta; y funcionó.

RM: En este tipo de viajes la condición física es muy importante, ¿qué tipo de entrenamiento sigues para poder cumplir con un viaje tan exigente como este?

GA: Creo que el mismo viaje te entrena y la necesidad de pasar los kilómetros difíciles. Me mantengo en línea, no tomo alcohol ni gaseosas, pero porque siempre lo hice así. Por otro lado, a causa del accidente, suelo hacer ejercicio de brazos por la mañana para fortalecer el hombro operado porque cuando comencé el viaje me dolía a causa de la vibración. Ahora se encuentra fuerte y bien. Realmente no creo que se necesite un entrenamiento intensivo más que estar en un estado físico que te permita hacer trekkings para ir a esos lugares increíbles a los que no puedes acceder con la moto. El resto, más lento o más rápido, se hace por la necesidad de hacerlo.

RM: Esta claro que se necesita ayuda económica extra para afrontar estos viajes y ahí es donde entran los patrocinadores. ¿Cómo accediste a patrocinadores y cómo estos te dieron su apoyo?

GA: Conseguir patrocinadores es difícil y no lo aconsejo. Sigues trabajando para otro. En este caso soy selectiva y a muchos acuerdos digo que no porque no quiero que mi viaje se vea afectado sin una recompensa apropiada por la cantidad de horas que trabajo, que son muchas teniendo en cuenta la prensa, el blog y las redes sociales. También es un poco desmotivador porque de 200 correos personalizados que mandas apenas te responden cinco marcas y la mayoría te dice que no están interesados o que te pueden regalar una camisa con la marca para que la uses gratis.

Cuando comencé un amigo me dio un consejo que creo que fue acertado: “no apuntes a marcas fuertes sino a los pequeños productores”. Esto sirve si lo que se busca es el equipamiento. Para una marca grande en mi opinión tienes que tener también una marca consolidada con seguidores fieles, poder demostrar que eres profesional en tu forma de trabajar y un mensaje que sea acorde al de la marca. Por otro lado, los contactos nunca están de más.

En cuanto al dinero, logré que me pagaran muy pocos. Mis gastos son muy bajos y los cubro parte con patrocinios fuera del mundo de las motos y escribiendo para revistas de viajes. El mundo de las motos de aquí y de Latinoamérica por ahora no está preparado, a mi entender, para trabajar seriamente con bloggers y creadores de contenido. Estados Unidos es un caso a parte, allí te hacen firmar contratos y se lo toman en serio ya sea a cambio de equipos o patrocinios pagos.

Poco más que añadir. A los 55.000 kilómetros que esta argentina ya ha recorrido por el continente americano, pronto habrá que sumarle otra gran cifra ante el bonito y variado trayecto que le espera en tierras africanas. Donde le esperarán multitud de vivencias que todos podremos ver a través de su blog. Guadalupe es, sin duda, la definición perfecta de viajero, viajera en este caso.

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Guadalupe Araoz, la argentina que recorre el mundo en moto

Categoría: Motos
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1 comment

  • Que alegria seguirte viendo en reportajes..! Estas dejando una linda marca en el mundo de las motoviajeras..! Buenas rutas para lo que viene Guadalupe..!! y… siempre con el viento en la cara…..

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