En marcha

El futuro no es inventar un yogur de morcilla. Al menos en automoción. Tampoco es necesario ponerle una camisa de fuerza a un pulpo para lograr que un coche protagonice una especie de simbiosis con la carretera. A veces mejorar los coches, con nuestro nivel de desarrollo tecnológico, es bastante más fácil. Basta con aplicar los conocimientos a los principales problemas de la conducción, a nivel de seguridad y de comodidad… y parece que esta máxima es la que ha seguido Mercedes en este Clase E, avanzadilla de siguientes lanzamientos.

Aún así, pensamos que, a nivel dinámico, se puede mejorar un poquiiiiiiiiiiiiito este Mercedes Clase E, aunque también depende mucho del motor que esconda el capó de la unidad en cuestión. La firma de Stuttgart ofrece bastantes opciones, pero en nuestro caso concreto, disponemos de un 4 en línea diesel de casi dos litros de cubicaje y 194 caballos de potencia, con 400 Nm de par motor.

Mediatizado por esta mecánica, unida a un cambio automático de 9 velocidades que no puede ser criticado más que por la posición de la palanca del cambio, si odiabas la palanca del Renault ‘4 latas’ de antaño, finita y anclada a la parte derecha de la dirección, esta no te gustará un pelo. Con esta premisa, nos disponemos a comentar las cualidades dinámicas de este Clase E.

Un coche como este, principalmente, tiene su hábitat en las autopistas y autovías de medio mundo. Si vivimos en Alemania y tenemos las autobahn a mano, miel sobre hojuelas, pero será raro que un Clase E vendido en España disfrute el asfalto libre de limitaciones del país germano.

Esta afirmación, a todas luces cierta y acertada, no quita que el Clase E tenga su sitio en todo tipo de pavimentos, carreteras y escenarios. El Dynamic Select y su potencia, más que coherente, podemos disfrutar incluso en carreteras de curvas, aunque no es, ni mucho menos, su terreno predilecto. Tampoco la ciudad es su hábitat natural, principalmente por sus medidas, pero en cuanto sepas las ayudas que trae para circular en la urbe y sus consumos… pensarás que es más que indicado.

No esperamos más y hablamos del tema del consumo. Si ponemos en la balanza los ingredientes: más de 1.600 kilos de peso, 194 caballos, casi cinco metros de largo… y te decimos que digas la cifra de consumo homologado, ni por asomo te acercarás a los 3,9 litros a los 100 que figuran en su ficha técnica. La realidad es otra, pero es que ésta nos gusta tanto o más, sabiendo que hemos sido nosotros mismos los que hemos hecho estos números.

En el total de nuestra prueba, después de hacer un combinado muy coherente de tiempo de conducción tanto en autovía como en ciudad, los 5,3 litros a los 100 km que marca el ordenador de a bordo se nos antoja una realidad que es difícilmente imaginable a priori e igualable por sus rivales. Si a esto añadimos los 66 litros de depósito de combustible, todo es música para nuestros oídos, pues sin forzar puedes pasar de los 1.200 kilómetros sin repostar. Por cierto, no te pierdas el gráfico de la autonomía en el panel del cuadro de mandos. Espectacular.

Sólo en ciudad agradecemos que las suspensiones sean tan cómodas y confortables en los modos Eco y Confort. Fuera de los baches, resaltos, pasos de cebra y badenes que hay a cada paso en cualquier urbe, cuánto más en Madrid, esa amortiguación nos resultará excesivamente blanda. El coche no llega a cabecear, pero sí que pensarás que estás en una especie de colchón de agua con leves subidas y bajadas de carrocería constantes. Pelín incómodo.

En cambio, fuera de la ciudad, es un placer conectar el modo Sport, aunque sólo sea por esa dureza en las suspensiones. El modo Sport+ será apenas utilizado en un coche como este, salvo en momentos puntuales de fanfarronería con invitados en el vehículo. No es un coche de carreras pese a su potencia, aunque ojo porque no oculta su carácter. La opción para rizar el rizo sería poner a nuestro gusto el modo Individual, con este tipo de suspensión, sin necesidad de que la entrega de potencia sea deportiva.

El modo Eco ayuda muy mucho a ahorrar combustible, con un sistema de parada y arranque del motor efectivo y ejemplar, de igual manera que produce un leve placer conectar los modos deportivos, porque de inmediato sentimos en nuestro cuerpo. El ahorrador sentirá cuando vea en su pantalla que está activado el efectivo Modo Planeo, más o menos lo mismo que el que tiene sangre racing por las venas cuando conecte uno de los modos deportivos y sienta ese pequeño tirón hacia adelante y cómo se endurece el coche en torno a él. Es casi adictivo.

En los modos deportivos veremos como el coche es más reactivo a la presión del acelerador, el cuentavueltas busca los números más altos para efectuar el cambio de marcha, la dirección es aún más directa y precisa, notamos perfectamente lo que hay debajo de los neumáticos. Lástima que el ruido no acompañe demasiado. Seguro que en motores gasolina, y más potentes esto sí pasa.

En autovía y autopista, la conducción es un placer de lo más hedonista. Es imposible no ‘jugar’ con todos los dispositivos de seguridad y ayuda a la conducción y configurarlos a tu gusto. Puedes afinar prácticamente todo para que se adapte a tu conducción. Desde avisos de fatiga y cambios de carril hasta las distintas cámaras disponibles a la hora de maniobrar, pasando por el afinado del ángulo muerto, detector de peatones y obstáculos, la distancia con el vehículo precedente en el control de crucero adaptativo y todos los dispositivos y sensores que integran el Mercedes Intelligent Drive.

El ejemplo más espectacular es el que permite una conducción autónoma que puede llegar al minuto sin tener que interactuar ni con los pedales ni con el volante. Con los dispositivos adecuados en funcionamiento, aunque limitado a carreteras que no tengan curvas mínimamente pronunciadas, el Clase E puede conducirte por el buen camino de manera casi mágica.

Siguiendo las líneas de la carretera, leyendo las señales de tráfico y adaptando la velocidad a ellas, teniendo en cuenta el vehículo que nos precede y el estado de la vía, durante más de medio minuto el Mercedes Clase E es capaz de girar el volante según convenga y mantener distancias y velocidad para llevarte por el buen camino.

Pasado un tiempo prudencial, varía según las condiciones del momento, te aparecerá el dibujo de un volante a la izquierda del cuadro de mandos, con dos manos rojas en clara indicación de que cojas el volante. Si no lo haces, seguirá guiándote, pero un pitido empezará a sonar, cada vez con más insistencia, para que tomes los mandos. Si no lo haces, el coche ‘entiende’ que te has desmayado o algo parecido, y empieza a bajar la velocidad y activa el warning para avisar al resto de coches de la vía.

Igual sigues pensando que es ciencia ficción, pero en el vídeo de la prueba creo que queda bastante claro, y no hay ni trampa ni cartón. Es lo que hay, sin más. Punto. Aplausos y ovación para Mercedes-Benz.

Por cierto, sorprende, y mucho, el dato que os voy a dar a continuación. En novena velocidad, a 130 km/hora, la aguja del cuentarrevoluciones marca 1.500 vueltas. Un dato absolutamente ¡es-pec-ta-cu-lar!

No quiero extenderme mucho más, pero todo funciona igual de bien, y de verdad que la confianza que sientes cuando conduces este Mercedes es realmente sensacional. La fábrica alemana dispone de tecnología incluso para emitir sonidos por los altavoces que mitiguen y contrarresten la rumorosidad del motor y de la rodadura, para que el confort acústico sea mayor en el habitáculo.

Dicho sea de paso, con todo lo que aporta este Clase E, esperaba un puntito menos de rumorosidad en el interior. El rodar es placentero a velocidades legales, pero sí que pediría ese pequeño esfuerzo añadido para lograr que al interior pasen menos aun no ya vibraciones, que no existen, sino el sonido del motor y del contacto neumático-asfalto. Sería rizar el rizo de manera espectacular. Y seguro que en Mercedes pueden hacerlo.

Por último, reseñar que nuestra unidad lleva unas pequeñas levas tras el volante, pero que apenas hemos utilizado tras comprobar que el cambio automático es realmente solvente y efectivo.

Diseño

Interior y vida a bordo

Motor, acabados y equipamiento

Conclusión

Galería

 

PRUEBA: MERCEDES-BENZ CLASE E. Encuentros en la tercera fase

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