En marcha

Llega el momento esperado de comprobar el trabajo realizado por Mercedes con este SUV coupé, experimentar si han premiado más la dinámica, el offroad, o sólo la estética, y la verdad, con la referencia del BMW X4 probado hace ya algunos meses, podemos decir que el trabajo ha sido bueno, incluso muy bueno.

Foto Mercedes GLC Coupé

Mercedes no puede permitirse el lujo de copiar algo ya existente en el catálogo del máximo rival y, encima, hacerlo peor. Y para ello ha puesto el acento en la conducción, en el aplomo, en la solidez, en la excelente pisada. Ya hemos dicho que al sentarte al volante hay una especie de simbiosis, y aunque las aceleraciones con nuestros 204 caballos no son nada del otro jueves, sientes mucho el coche a la hora de conducirlo, y con más de 1.800 kilos rodeándote, no voy a decir que parece que conduces un tanque, pero… bueno sí… parece que estás conduciendo un tanque.

Las ruedas de 20 pulgadas tienen mucho que ver en ello. Son pantagruélicas, y también ellas son las ‘culpables’, entre comillas, de que la frenada sea una sensación bestial. No pierdes ni un milímetro de adherencia y la mordida de los discos es la más efectiva que recuerdo en muchos años. También el consumo nos ha penalizado un poco. Tenemos mucha más superficie de contacto con estas ruedas que con las 18” de serie, pero lo damos por bueno.

Hablando de consumos, los 7 litros de media en el medio millar de kilómetros realizados en esta prueba, sinceramente, los damos por buenos. Incluso muy buenos. Es cierto que en los momentos en que hemos conducido en modo Sport y Sport+ la cifra ha subido considerablemente, por lo que nos hemos dado cuenta de que la sensibilidad al acelerador es alta. Sin embargo, en viajes largos, autopistas y autovías a velocidades legales, la media de consumo no va más allá de los 6 litros, con lo que las medias son muy decentes. Ayuda mucho la función de planeo. Lo notas porque el cuentarrevoluciones se pone a 700 vueltas y el ruido apenas inexistente en el interior, desaparece del todo.

Foto Mercedes GLC Coupé

Las cifras oficiales hablan de menos de 8 segundos en la aceleración de 0 a 100 km/hora. Y no digo que no sea verdad, pero si hablo de mis sensaciones pisando a fondo desde parado, a pesar de los modos de conducción… pues la sensación es de que ese tiempo en realidad es algo más. El motor en bajas empuja sin problema, tiene un par motor brutal, pero no sube de vueltas tan rápido como quisiéramos. Menos mal que existen motores más potentes en la gama.

Nos ha gustado muchísimo el cambio automático de nueve velocidades. Las transiciones son casi inapreciables y la suavidad lo impregna todo. Las levas están ahí para cuando sea menester, pero en esta prueba apenas hemos hecho la subida a Galapagar y el Puerto de los Leones con ellas. Es un cambio fantástico que merece la pena disfrutar.

En la urbe… bueno… está claro que no está hecho para la ciudad, pese a comportarse lo mejor que puede. El Start@Stop funciona fenomenal, mantiene a raya el consumo, y para el día a día… pues su anchura no ayuda y seguro que a la puerta de algún colegio organiza algún atasco. Eso sí, esos niños van a clase como unos reyes y con todos los ‘archiperres’ necesarios de la manera más cómoda. En parado hay que estar pendiente del entorno, pero si puedes, con la cámara 360 grados de nuestra unidad, todo es coser y cantar.

Foto Mercedes GLC Coupé

En autovía ya te puedes imaginar… suavidad máxima, confort extremo, sensación de fatiga cero, muchas ayudas a la conducción, seguridad elevada… y encima consumiendo poco. En carreteras más reviradas, y más si es en pendiente, la cosa se complica, porque el GLC Coupé es un poco mastodóntico y no goza de una cintura demasiado elástica. Aún así, si no buscas un ritmo alto ni una conducción extremadamente sport, este Coupé podrá hacer algo de honor a su apellido.

Fuera del asfalto tenemos claro que no es un TT puro. Su altura al suelo no es la mayor del mundo, y ‘sólo’ cuenta con su tracción 4Matic y su potencia para afrontar las dificultades del camino. La verdad, es que una vez puesto a prueba, sin buscar los límites, el GLC Coupé nos parece suficiente para poder salir de lo negro con garantías. Obviamente, tendremos que ir con más cuidado que con cualquier SUV medio, pues su faceta de coupé y su altura al suelo no nos deja conducir con la alegría con la que deberíamos un vehículo de recreo como este… pero es que esta unidad cuesta 71.000 euros y por mucha panoja que manejes, siempre irás con algo de comedimiento a la hora de sortear baches y zanjas más o menos curiosos.

Hablando los modos de conducción, Eco y Confort convierten en una auténtica bendición los viajes por carreteras bien asfaltadas. Con el Sport y el Sport + notas de inmediato como el motor gana revoluciones y empuja hacia adelante, sin ser el acabose, y el cambio busca la transición a más vueltas, aunque casi nunca llega a las 5.000 rpm. En estos dos modos notas mucho más firme aún una dirección que nos ha gustado mucho, también las suspensiones, firmes como pocos SUV… o ninguno. En el modo Individual puedes ajustar la gestión del motor, la dirección, el Start@Stop y la intensidad del climatizador, combinándolos entre ellos.

Foto Mercedes GLC Coupé

En todos los casos, la sensación de súper control de la situación es alucinante. Aunque seas un botijo con ojos eres consciente de que conduces un cochazo, poderoso, casi solemne, con muchas opciones, aunque no es el mejor en nada, hay que decirlo. Y el precio puede hacer mirar hacia otro lado. Pero si te gusta y lo tienes claro… ¡a disfrutar!

Diseño

Interior y vida a bordo

Motor, acabados y equipamiento

Conclusión

Galería

 

PRUEBA: MERCEDES GLC Coupé 250d 4Matic 9G-Tronic. El X4 de Mercedes

Categoría: CrossoverFamiliar CoupéPortadaPruebasSegmentoSUV
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