El nuevo Ford S-Max no sólo ha sabido ponerse al día, sino ser una opción muy coherente como alternativa al Ford Galaxy o al Ford Mondeo. No es tan capaz ni tan aparatoso como el Galaxy, ni tan buen rodador como el Mondeo, aunque sí más espacioso y polivalente. A prueba el Ford S-Max 2.0 TDCI 180 CV Titanium con cambio automático.

Vídeo prueba:

Hace poco más de un año nos pusimos a los mandos del nuevo Ford Mondeo y nos encantó. La renovación del Ford S-Max ha sabido beber de una fuente de frescas y cristalinas aguas para rejuvenecer y convertirse en un monovolumen muy polivalente que no renuncia al confort de marcha de una buena berlina, no en vano, su plataforma es la misma que la del propio Mondeo, un coche que ha mejorado una barbaridad y que en breve estará en www.revistadelmotor.es para ver cómo va su versión híbrida Vignale.

Después de conducir más de medio millar de kilómetros durante nueve horas largas este Ford S-Max 2.0 TCDI Titanium de 180 caballos con el cambio automático Powershift de seis velocidades, podemos asegurar que es un coche que va a abrir muchas bocas, y también la mente, de muchos que no se arriesgan a ir un puntito más allá, bien vengan de una berlina tradicional, bien procedan de monovolúmenes más tradicionales.

Y es que las siete plazas de nuestro S-Max son muy utilizables. No son las de una Voyager o un Rodius, pero hay muchos aviones de líneas aéreas en el mundo que no tienen un milímetro más de espacio en sus butacas que las de este espacioso vehículo. Además, la vida a bordo está más que cuidada, con asientos individuales, reclinables, desplazables hasta quince centímetros, se pliegan por botón y un sinfín de huecos para dejar todo lo que subas al coche.

DISEÑO

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A nivel estético, el Ford S-Max ha hecho los deberes de manera impecable. Ha estilizado su figura una barbaridad, y no vamos a cometer la tropelía de decir que casi parece un Mondeo familiar, pero no es menos cierto que es mucho más fino y estilizado que el Galaxy, el verdadero monovolumen de la marca, que aún tiene unos cuantos litros de maletero más con 7 plazas dispuestas.

En este orden de cosas, sorprende la línea del S-Max, con un capó que empieza muy bajo y gana centímetros uniéndose al espacioso parabrisas increíblemente inclinado, y justo en la parte superior arranca el techo y un levísimo descenso hasta una zaga que también tiene buena dosis del nuevo ADN de Ford, con unos grupos ópticos muy visuales y con mucha personalidad, aunque los primeros días, he de decirlo, visto desde el lateral, se me encogía el corazón pensando que alguien había chocado contra los pilotos y los había cascado. Y es que la zona de color aluminio más parece el interior de la luz que el propio plástico que los recubre. Un alivio siempre, pero al que hay que acostumbrarse porque el efecto óptico es innegable y te asume en la congoja de manera instantánea.

Una ancha barra cromada une los pilotos traseros, muy estrechos y horizontales, que ganan mucho espacio en el lateral. La luneta está muy abombada y la doble salida del tubo de escape, la verdad, parece un apósito mal pegado si los miras desde el lateral, aunque la visión directa desde la zaga es fenomenal.

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Por delante, la parrilla también imita la del Mondeo, que parece sacada de un Aston Martin sin mayor reparo. Si sólo viéramos la parte delantera del coche, detrás podríamos imaginar un musculoso deportivo, y eso es, sin duda, lo mejor que podemos decir de este coche en materia de diseño. Si en otra foto te enseñan el parabrisas tan inclinado, no te va a caber ninguna duda. Y la sorpresa es morrocotuda. La parrilla empuja hacia los extremos superiores los faros, también muy modernos y refinados que casi tienen más superficie en el lateral que en el frontal. Y todo esto, con las llantas de 18 pulgadas de bella factura que le dan un empaque espectacular.

INTERIOR Y VIDA A BORDO

Pasamos al interior, y aquí descubrimos muchas más cosas que nos gustan, tantas o más que las vistas por fuera. Es increíble el volantazo que se ha dado al diseño del habitáculo y de todo el cuadro de mandos y salpicadero, y lo mejorado que está todo. Tiene un toque americano la zona central de la consola, con mucho espacio desaprovechado y una ruleta gigante, pero como sabemos de dónde viene Ford, no podemos poner muchas pegas cuando la presentación es mucho mejor y la cantidad de datos y dispositivos que nos ofrece este nuevo vehículo de Ford es infinitamente mejor que el precedente.

Siguiendo con la descripción del interior, nuestra unidad lleva cuero, asientos multirregulables, con calefacción y ventilación, memoria, regulación lumbar, y con una comodidad y una sujeción lateral muy buena. Incluso los dos asientos delanteros disfrutan de función masaje, a la altura de cualquier marca Premium, hemos de decirlo. La palanca de cambio está en su situación natural, el volante se regula a gusto del consumidor y la única pena es que el reposacabezas no avanza para recoger la nuca.

Foto Ford S-Max

Generalmente recogemos los coches de prueba y salimos pitando. El cambio de tercio de Ford hace que nos pasemos un cuarto de hora largo configurando todo lo configurable. Nos encanta. Absolutamente todo se puede regular. Los mil y un dispositivos que monta se pueden adaptar a nuestros deseos. La distancia con el coche que precede en la velocidad de crucero adaptativa, si nos salimos de carril que sólo avise o que avise y corrija con leves tirones del volante, la rapidez con la que salte la alarma en caso de fatiga al volante o el aviso de pre colisión… parece una cosa de locos, pero la verdad es que es alucinante que podamos adaptar el coche a nuestros deseos y no sea al revés. No por ser más habitual, no deja de ser loable que no falte un botoncito que regule la dureza de las suspensiones. La pena es que hay que hacerlo a través de un menú, elegir deportivo, normal o confort, y pensamos que debería tener un acceso directo en la consola, como en el resto de competidores. Luego veremos que tampoco hay mucha diferencia entre ellas.

El nuevo aspecto de la pantalla táctil del navegador y todo lo que implica este nuevo elemento no pasa inadvertido. Pantalla de generosas dimensiones (8 pulgadas), pocos botones alrededor, aunque pequeños, aspecto a mejorar y todo muy clarito, sin posibilidad de equivocación. Además, nos encanta que, de primeras, la pantalla esté dividida en cuatro y puedas elegir directamente hacer más grande las conexiones de móvil, el navegador, el sistema de audio o el climatizador. De verdad que hay que quitarse el sombrero.

Si nos metemos con el navegador, sólo hay un aspecto que nos ha chocado, y es que la tactilidad es muy mejorable. El zoom también puede ser más rápido, y mejor con una ruleta, no con teclas táctiles en la propia pantalla. Por lo demás, es intuitivo acceder a todos los menús y submenús, recorrerlos, configurar todo a tu gusto y comprobar todo lo que te apetezca de manera fácil y cómoda. De verdad que el salto de calidad es brutal.

Foto Ford S-Max

El volante también tiene un nuevo diseño. En nuestra unidad viene con calefacción, y coge temperatura al instante. El cuero es fino, el tacto perfecto y la botonería está muy estudiada. Hay muchas teclas, pero todas están donde deben estar y regular el sistema de velocidad de crucero adaptativo, subir el volumen del audio o pasar de una pantalla a otra del ordenador de a bordo se hace con bastante desenvoltura e intuición a partir del segundo día de uso.

El ordenador de a bordo nos encanta. Para nuestro gusto se han agrupado los datos de forma que tienes que bailar siempre entre los ajustes, los parciales y los consumos, pero al final los maniáticos en dos botonazos hemos recorrido todos los datos que nos interesan en cuanto a tiempo al volante, kilómetros, consumos y medias. Las dos esferas grandes, a la izquierda el cuentavueltas, a la derecha el velocímetro, están separadas por una pantalla en la que también puedes ver información sobre la música o la conexión del móvil, aunque este espacio nos parece que está algo desaprovechado.

En el interior del cuentarrevoluciones tienes todos los datos posibles del ordenador de a bordo y se van desplegando también todas las opciones de regulación de todos los dispositivos configurables. En el centro de la esfera del cuentakilómetros, una silueta del propio coche te indica un sinfín de datos, desde cuando llevas las luces puestas, hasta el aviso de invasión de los carriles laterales, pasando por la distancia de separación con el coche que te precede, también con simbología de colores, verde, amarillo o rojo. A modo de display, reflejado en el parabrisas a la altura de los ojos, la alarma visual de color rojo parpadeante cuando nos acercamos peligrosamente al coche que nos precede. Un sistema muy parecido al de Volvo, sino el mismo, que nos encanta.

Foto Ford S-Max

No hace falta que digamos que los materiales y el encaje de los mismos son fantásticos. La apertura sin llave y arranque por botón Ford Keyfree también lo monta nuestra unidad. En cuanto a huecos, nos encanta comentar que hay espacio de sobra en todas partes, en la guantera, en las puertas, debajo del reposabrazos e incluso detrás de la palanca del cambio. Investigando detrás del reposabrazos central, un enchufe convencional nos hace de nuevo esbozar una sonrisa por su practicidad, lo mismo que la doble entrada de USB dentro del hueco en la mini guantera tras la palanca del cambio.

La segunda fila de asientos individuales es fantástica, reclinables con generosidad, desplazables hasta quince centímetros, se pliegan por botón desde el maletero, y todo fácil y sin esfuerzo. Tras los asientos delanteros hay dos prácticas bandejas y también tienes mandos para la ventilación y un enchufe de 230v. La tercera fila de asientos, con dos butacas individuales es correcta. No es el acabose, pero cumple perfectamente. Se puede entrar y salir con cierta decencia, sin perder mucho la compostura, aunque niños y personas bajitas y menudas estarán mucho más cómodos. Respecto al maletero, poco que decir. Enorme. Solo con 7 plazas se queda en 200 litros, que para algo da. Con cinco, 600 en el peor de los casos.

EN MARCHA

También hay algunas cosas que contar de este Ford S-Max en cuanto a dinámica de conducción. Partiendo de la base de que el notable alto no se lo quita nadie, es una pena que los 4,80 metros de longitud se combinen con casi 1.700 kilos de peso. Meter siete asientos en un coche implica una envergadura y una estructura con cierto peso, y es curioso que lo critiquemos un poco, porque el tema es que rueda tan bien que pensamos que es una berlina y que puede comportarse como tal y sustituir a una perfectamente, pero el peso es una de sus principales limitaciones.

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Hay que decir que estamos a los mandos de un 2.0 TDCi de 180 caballos en acabado Titanium. El sobreprecio con respecto al Trend es de 2.000 euros, pero el equipamiento que te encuentras por ese dinero y su presentación te digo ya que merece la pena. Nuestra unidad, con el cambio automático, sale por 40.000 euros justos, antes de promociones y descuentos, que pasan con facilidad de los 4.000 euros sin ningún problema. Para que tengas unos datos siempre presentes, la tracción AWD vale 3.000 euros de sobreprecio con respecto al 4×2, aunque sólo en los dos motores más potentes. El Powershift son 2.000 euros más, lo mismo que el Titanium con respecto al Trend. El 120 diesel o el 160 gasolina salen por 31.000 euros PVP, así que echa cuentas y por menos de 27.000 puedes llevarte a casa un S-Max de lo más pintón. Si eliges tu S-Max con sólo 5 asientos, también te descuentan 750 euros sobre el precio de tarifa.

Sabiendo todo esto, es más fácil asumir y apreciar lo que viene a renglón seguido. Es un gran coche. No es el mejor monovolumen, aunque se acerca más a éste que a la mejor berlina, por culpa de esos kilitos de más. Son unos 200 kilos extra, algo más, lo que carga de más con respecto al Mondeo, y eso se acaba notando un poco, pese al esfuerzo de llegar a un monovolumen de esta planta con este peso. Los 180 caballos dan mucho de sí, gracias a dos compañeros fantásticos de viaje, como son un par motor de más de 400 NM y un cambio automático de seis velocidades que funciona realmente bien. Sin duda, dos aliados que la competencia generalista envidiaría en casi cualquier caso.

Antes de comprobar sus cualidades dinámicas, hemos de decir que el Ford S-Max, durante la prueba, se ha contentado con 7,1 litros de consumo a los 100 km, en un trayecto bastante urbano, sin renunciar a alguna escapada. Es cierto que hemos tenido que ser algo cuidadosos con el acelerador, pero no ha sido difícil. El sistema de parada y arranque automático del motor funciona bien, no es el mejor, pero cumple con su función. Las marchas largas también ayudan a ahorrar combustible en viajes largos, pero no esperes una aceleración muy por debajo de los 10 segundos porque no la verás (9,5 seg).

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Las carreteras reviradas no son su punto fuerte. Teníamos la esperanza de que siendo Ford, que siempre tienen unas suspensiones un poquito más firmes que la competencia, y contando con la posibilidad de elegir la dureza entre deportivo, normal y confort, podríamos disfrutar haciendo alguna curva y hacer honor a la idea de monovolumen deportivo que publicitan en la marca… pero ya podemos decir que ‘más dinámico’, sí, pero ‘deportivo’, no. No hay demasiada diferencia entre los tres modos de conducción, sí es cierto que notamos algo más duro el deportivo, pero no permite demasiadas alegrías. Podemos hacer como que lo hacemos… pero no, es tontería, se mitiga un poco más el balanceo pero sigue existiendo.

Y no es que esto sea malo. Estamos hablando de un monovolumen de siete plazas, no podía ser de otra forma. Simplemente hemos intentado ver si se podía hacer honor a ese toque sport que se le presupone, pero apenas empezamos ya estamos viendo sus límites. Aun así, mucho mejor que una Galaxy, pero lejos de cualquier Mondeo o similar, es evidente.

En el volante hay levas para poder cambiar de marchas de forma manual, pero es tan cómodo y va tan bien el Powershift que olvidarás que están ahí. También hay modo Sport en el cambio, que estira algo más las marchas, ideal si vas con todas las plazas ocupadas para moverte con algo más de soltura, pero también consumirás algo más. En autovía es pura seda, su rodar es impecable para su figura, y en ciudad es confortable como el que más. Bravo por su comodidad y su suavidad de conducción.

Foto Ford S-Max

El S-Max es un coche muy detallista. Nos ha gustado mucho que no exista tapa de combustible, y nada más abrir la portezuela ya puedas introducir la manguera. También nos gusta su espejo de taxista para controlar a la tropa, pero no está bien situado, verás dos niños y medio de los tres que va detrás de ti, el que está tras el conductor podrá hacer fechorías sin ser visto. Bien por las persianillas en las ventanas laterales, bien por el doble USB, se puede afinar un poco más el sistema de velocidad de crucero adaptativo, pero en general todos los asistentes (cambio de carril, ángulo muerto, fatiga, detención para evitar colisión, etc) son fantásticos, configurables hasta en tres intensidades y te pueden salvar la vida. Bravo por la opción de que el volante te vuelva a meter en el carril si te despistas y pisas la raya. Fenomenal.

El pitido cuando superas la velocidad máxima de la vía es sutil y te ayuda a controlarte y conservar los puntos del carnet. La función de masaje de los asientos debería tener un accionamiento más fácil e intuitivo, pero al final llegas donde quieres. Buena idea el hueco para dejar cosas en el salpicadero, con trampilla. En cuanto se mejore el sensor táctil de la pantalla y la función de zoom del navegador, habrá poco que criticar… salvo ajustar un poquito más el precio, pero todo es aprovechar los descuentos y ofertas vigentes.

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CON LA MANO EN EL CORAZÓN

Nos ha gustado mucho. Puede parecer caro pero va súper equipado y con un motor y un cambio que mueve con facilidad un monovolumen real de siete plazas, espacioso, y que nos ha parecido una compra muy razonable. Aún se pueden pulir cosas, pero es cierto que el notable alto no se lo puede quitar nadie. Completo y casi seductor, es una compra que difícilmente lamentarás.

UN COCHE PARA…

… cualquier familia que no necesite un cinco metros o un maletero enorme con todas las plazas ocupadas. Con cinco asientos en uso, no habrá problemas de bultos o equipaje, y eso es apto para el 95% de las familias de nuestro país. Además el coche no es feo, tiene estilo, muchas ayudas a la conducción y una gama de motores a la altura de las exigencias diarias (160 y 240 CV en gasolina y 120, 150, 180 y 210 en gasoil).

KILÓMETROS PRUEBA – 550 kms

PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 40%-20%-40%

RIVALES Ford Galaxy, Seat Alhambra, Volkswagen Sharan, Renault Espace


FICHA FORD S-MAX 2.0 TDCI 180 CV Powershift

Cubicaje / Potencia1997 cc / 180 CV a 3.500 rpm
Par motor40,8 mkg entre 2.000 y 2.500 rpm
Caja de cambiosManual de seis velocidades
AlimentaciónInyección directa. Turbo e intercooler
Longitud / Anchura / Altura4.800 / 1.920 / 1.660 mm
Distancia entre ejes2.850 mm
Suspensión delanteraTipo McPherson
Suspensión traseraMultibrazo
Maletero200/610 litros
Nº plazas7
Neumáticos del.235/55 R17
Neumáticos tras.235/55 R17
Traccióndelantera
Frenos delanterosDiscos ventilados de 315 mm
Frenos traserosDiscos de 316 mm
Tipo de direcciónCremallera con asistencia eléctrica
Aceleración 0-100 km/h9,7 seg
Velocidad máxima211 km/h
Capacidad depósito carburante70 litros
Peso en orden de marcha1.651 kg
Emisiones CO2129 g/km
Consumos oficiales
Extraurbano4,6 l/ 100 Km
Urbano5,6 l/ 100 Km
Mixto5,0 l/ 100 Km
Norma de emisionesEuro6

Bien:

  • 7 plazas con algo de maletero
  • Agrado de conducción
  • Ayudas a la conducción y posibilidad de adaptarlas a tu gusto

Menos bien:

  • Hay que mejorar la sensibilidad de la pantalla táctil del navegador
  • Apenas hay diferencias entre los modos de conducción
  • Los pilotos traseros parece que están rotos

Precio: 40.000 euros

oscargonzalez@revistadelmotor.es  

 

PRUEBA: FORD S-MAX. Dinámica espacial

Categoría: CrossoverFamiliarMonovolumenPortadaPruebasSegmento
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